Pàgineshttps://www.catalunyareligio.cat/ca/pregariacat-celebra-seu-dese-aniversari-nova-web

dijous, 25 de desembre del 2014

NADAL 2014




CANT   DE  LA  SIBIL.LA










LA   SAGRADA   FAMÍLIA
No deixa de ser un contrasentit que la celebració de la Festa de la Sagrada Família s’associï  gairebé inconscientment amb el model de família que fins fa pocs anys era l’habitual en el nostre entorn, tot i que sospito que el concepte de família “tradicional” respon més a un estereotip que a una realitat, que sempre és més plural i més dinàmica que no pas la idea que en tenim.
Dic que em sembla un contrasentit, perquè no es pot pas dir que, segons els relats de la infància de Jesús, la seva família fos gaire convencional: no s’ajusta gaire al que deurien ser els patrons habituals a la Palestina rural del segle I. Allò que remarquen els evangelis i allò que celebrem és sobretot l’acollida de Déu a la pròpia vida, la confiança i la llibertat per seguir-lo més enllà dels costums i les seguretats, l’estimació mútua, l’amor incondicional. La família és el lloc de trobada en l’amor, però com si fos un tastet de la transfiguració, és també el lloc des d’on s’empeny els seus membres cap enfora: cap a Egipte, cap al Temple, i en el Jesús adult, cap al poble. No és, doncs, una família tancada en ella mateixa. Ben al contrari. En cert sentit és una família que arrisca. No busca la seguretat de la llar de foc, sinó el Regne de Déu, ben a la intempèrie.
Per això la Sagrada Família continua sent “el” model, encara que vagi passant per institucions familiars culturals molt diverses arreu del món, que sempre són expressió concreta i incompleta d’una realitat més gran des d’un punt de vista cristià. El valor, crec jo, rau en la qualitat de l’estimació entre les persones i no en el model institucional, encara que, porucs com som, tendim a tèmer les novetats i a idealitzar les tradicions. Però hi ha unes quantes realitats de què podem alegrar-nos i que no estaria gens malament que s’expressessin d’alguna manera en les nostres celebracions d’aquesta Festa: el major grau d’igualtat entre homes i dones, que fa que les dones ja no siguin tan depenents econòmicament de les seves parelles i que els homes es comprometin més i millor en el dia a dia familiar; la major implicació de molts homes en l’atenció i cura de les persones de casa que ho necessiten; l’acollida dels infants amb discapacitat i la lluita perquè les retallades no afectin la qualitat de la seva atenció; la bona disposició de tantes parelles, avis, oncles, germans, tiets, quan s’ha produït un trencament familiar i nous aparellaments, per acollir i estimar els fills i filles de “l’altre”; el suport mutu de tantes famílies en moments de crisi, d’atur, d’estretor econòmica; la millor acceptació social de pares i mares solters sense estigmes; l’acompanyament en els moments difícils, en la malaltia i en la mort...; l’acolliment dels familiars homosexuals, que es poden expressar amb llibertat i naturalitat; el suport als joves sempre en situació laboral precària; el respecte per aquests joves que conviuen en parella i ja no es casen, però que igualment estimen i són estimats.
Són signes d’amor, de confiança i de llibertat, encara que apareguin en moments de fort canvi, d’una certa confusió, amb interrogants i en models que possiblement no passarien la “prova del cotó” de l’ortodòxia eclesial, però això no els treu autenticitat des del punt de vista de l’amor, de la mateixa manera que determinades formes de matrimoni no garanteixen per si mateixes l’amor mutu dels seus membres.

Alegrem-nos-en i celebrem-ho, perquè també són signes que Déu es manifesta a través de tota realitat humana, més enllà de models i cultures.
(Publicat a Catalunya Cristiana)



&&&&&&&&&&&&&&&&&&


El Papa Francisco ofreció, este lunes 22 de diciembre en su discurso a los cardenales y monseñores de la Curia romana para felicitarles la Navidad en la Sala Clementina del Vaticano, un catálogo de probables enfermedades o tentaciones, y animó a confesarse para preparar el corazón para la fiesta del nacimiento de Jesús.


En primer lugar advirtió de la enfermedad de sentirse inmortal, inmune e indispensable. "Una Curia que no se autocritica, que no se actualiza y trata de mejorar es un cuerpo enfermo", advirtió. Contra la patología del narcisismo, del creerse superior a los demás en lugar de una persona al servicio de todos, propuso la gracia de sentirse pecadores.

A continuación previno de la enfermedad del “martalismo”, de la excesiva actividad, que también afecta a la Iglesia, de trabajar sin detenerse a contemplar a Cristo. "El tiempo de descanso es necesario", dijo: pasar tiempo con los familiares, respetar las fiestas, ... “hay un tiempo para cada cosa”.


A continuación apuntó la enfermedad de la insensibilidad humana, de poseer un corazón de piedra, de perder los sentimientos de Jesús, que hace perder la serenidad y la vivacidad, a quien la padece. “No somos máquinas –constató el Papa-, debemos tener los mismos sentimientos de Jesús”: humildad, generosidad,...


Seguidamente habló contra la excesiva planificación y el funcionalismo, enfermedad o tentación que convierte a la persona de Iglesia en mero contable o comercial. Contra ello, propuso el antídoto de no querer pilotar la libertad del Espíritu Santo, ponerle límites.

Después señaló la enfermedad de la mala coordinación, que aparece cuando los miembros del Cuerpo de la Iglesia no colaboran entre sí. El Pontífice propuso la metáfora del cuerpo que no obedece a la cabeza (Cristo) -“el pie que le dice a la cabeza: yo voy por mi lado”- y pidió colaboración entre las personas que siguen a Cristo.

La siguiente del catálogo fue “la enfermedad del "alzheimer espiritual", del olvido de la historia de la salvación, de la historia personal con el Señor, del primer amor. Francisco advirtió que perder la memoria del encuentro con el Señor lleva a las personas a vivir en los “caprichos “ personales y adorando “los ídolos que han hecho con sus propias manos”.

Después advirtió de la enfermedad de la rivalidad y de la vanagloria, que “aparece cuando la apariencia y los sueños de gloria se convierten en el primer objetivo” del trabajo y el servicio. Contra ella recordó las recomendación de san Pablo de “considerar a los demás superiores de sí mismo”, e invitó a no ser enemigos de la curz de Cristo, sino adoradores del dolor y el sufrimiento de los demás.


Francisco citó entonces “la enfermedad de la esquizofrenia existencial, la de vivir una doble vida fruto de la hipocresía y el vacío espiritual”. Quienes la sufren pierden el contacto con la realidad, sumiéndose en un mundo paralelo, y pueden escudarse en sus títulos universitarios o de sus cargos. Para combatirla, el Pontífice pidió ser humildes en la fe y en las obras.


Y el Obispo de Roma habló también de una tentación de la que ya ha advertido en varias ocasiones: la enfermedad del cotilleo, de la murmuración, que “es grave”, aseguró: empieza en hacer una simple charla pero se instala en la persona convirtiéndola en semilla de cizaña. “Hermanos, guardémonos del terrorismo del cotilleo”, pidió.

La siguiente enfermedad del catálogo de Francisco fue la de los que cortejan a sus superiores para obtener beneficios personales: personas “víctimas del carrerismo y el oportunismo” que siempre piensan en lo que debo obtener, en lugar de en lo que puedo ofrecer, personas "mezquinas e infelices", aseguró.






En el otro lado situó a los jefes que hacen de todo para obtener el servilismo y la sumisión de sus subalternos, incluso humillándolos, enfermos del individualismo que quiere retener para sí los tesoros del Señor. El Papa lamentó lo que ocurre "cuando el más experto no pone su conocimiento al servicio de los otros” e invitó a las personas más preparadas a ponerse al servicio de los demás y ser ejemplo de compañerismo y sumisión.

La “enfermedad de la indiferencia respecto a los demás” aparece cuando uno sólo piensa en sí mismo, e incluso llega a alegrarse de ver al otro caer, prosiguió el Papa.

Francisco advirtió seguidamente de la enfermedad de la cara fúnebre, que lleva a tratar con dureza y arrogancia a los demás, incluso con severidad teatral, con cara larga, quizás para ganarse su respeto. “El apóstol debe esforzarse por ser cortés, sereno”, sonreír y ser afable, manteniendo la alegría incluso en los momentos difíciles, dijo Francisco.

En este sentido, el Papa invitó a los miembros de la Curia a no perder nunca el "espíritu alegre, lleno de humor e incluso autoirónico”. Destacó la importancia del sentido del humor, y confesó que para pedirlo, cada día reza la
oración de santo Tomás Moro.

Continuando con el catálogo de enfermedades, habló de la de “acumular bienes materiales, no por necesidad sino para sentirse seguro”, que sólo puede traer tristeza, dijo, y relató una anécdota. En un tiempo en que los jesuitas describían a la Compañía de Jesús como "la caballería ligera de la Iglesia", un joven jesuita mientras hacia un trasteo de varios libros y cosas pesadas acumuladas, escuchó a un viejo jesuita que le dijo con burla: Y esta sería la caballería ligera de la Iglesia...

También advirtió contra la enfermedad de la división, recordando que Jesús decía que cada rayo no se divide en sí mismo. La división entre los seguidores de Cristo es como el fuego amigo entre o soldados del mismo bando, dijo, y advirtió del síndrome del “círculo cerrado”, con el que “la pertenencia al grupito se hace más fuerte que la pertenencia al cuerpo entero, incluso a Cristo”.

La siguiente fue la enfermedad del provecho mundano, que afecta al apóstol que se exhiben para mostrarse más capaces de los demás y transforman su servicio en poder, buscando siempre insaciablemente más poder, sin importarle los medios que deba usar.

Para ilustrarla, habló de un sacerdote que llamaba a los periodistas para explicarles e inventar asuntos privados de sus hermanos, sólo para creerse poderoso. “Quería fama, cuánto mal hacía a la Iglesia... ¡pobrecito!”, exclamó el Papa.


El Papa dijo que todas estas enfermedades son hoy un peligro, no sólo para la curia, sino para todos los cristianos, para las comunidades, movimientos, grupos y parroquias.

Sin embargo, recordó la cura a todas ellas: vivir en la verdad y la caridad. Cristo es la cabeza y da fuerza a cada miembro de la Iglesia. "El Espíritu Santo cura toda enfermedad” -añadió-, “es él el promotor de la armonía”, y afirmó que la curación es también fruto de la conciencia de padecer la enfermedad, así como de soportar con paciencia y perseverancia la cura.


La curación es también fruto de la conciencia de la enfermedad y de soportar con paciencia y perseverancia la cura, añadió.


Agradeció y destacó el servicio cotidiano de la Curia, señalando que en una ocasión leyó que “los sacerdotes son como los aviones, son noticia sólo cuando caen, pero son tantos los que vuelan…”.


Finalmente, invitó a pedir a la Virgen “que amemos a la Iglesia como la ama Cristo, y tener la valentía de reconocernos pecadores necesitados de misericordia”, pedirle a ella “que no tengamos miedo de abandonar nuestras manos en sus manos maternales”.

Y acabó su discurso de felicitación pidiendo que rezaran por él y saludando personalmente a los miembros de la Curia, que le despidieron con un aplauso.
 





LA NAVIDAD DE LOS POBRES
DIEGO PEREIRA, MONTEVIDEO (URUGUAY).
El ambiente navideño
ECLESALIA, 26/12/14.- Estamos ya en Navidad y el mundo entero sufre una gran explosión de emociones, luces y colores. Pero no lamentablemente poco tiene esto que ver con el espíritu de la Navidad. Estamos tan lejos de aquel sentido primero de la Navidad pues quedamos perdidos en el mar de propuestas del capitalismo que nos pesca con la red de consumismo compulsivo, del “tener para ser”, de los fuegos artificiales. Somos parte de un gran circo mundial preparado perfectamente para convencernos de que la Navidad es simplemente una gran razón para que todo el mundo, durante alrededor de un mes, gaste la mayor cantidad de dinero posible con tal de no darse un tiempo de reflexión e interiorización. La Navidad pasa a ser un barullo exterior que nos aparta del silencio interior que todos necesitamos, de la comunión íntima con lo importante.
Visto así pareciera que toda la sociedad, en sus diferentes capas, pudiera cumplir con los requisitos que le impone el mercado. Pero no, no todos lo pueden hacer. No todos en la sociedad poseen tarjetas de crédito ni cuentas bancarias, no todos manejan chequeras, no todos tienen tarjetas de débito, no todos cuentan con sueldos que alcancen para pagar las cuentas del mes y guardar algo como reserva para estas ocasiones. No todos pueden ir de compras al super y comprar sin preocuparse. No a todos le alcanza el sueldo para irse de shopping (aprovechando la rebaja del 23%) y comprarse hasta aquello que no necesita, y que aún le sobre dinero en su bolsillo. No a todos le sobra para hacer esto, cuando días antes pasó el tan esperado “día del centro” donde todos corren a aprovechar las ofertas de los productos que tanto se desean. No, no todos lo pueden hacer. Los pobres viven de una manera muy distinta este consumismo masivo.
Muchos son los que no tienen sueldo, muchos los que no llegan a fin de mes, los que sacan préstamos cada dos por tres para poder comprarse algo que los haga sentir iguales a los de la clase pudiente. Éstos llegan a de dejar de comer bien durante un tiempo para poder acceder a los mismos productos que los demás pero a un costo mayor: el crédito eterno de las mil cuotas, donde se condena la conciencia a una deuda a largo plazo. Son lo que piden prestada la tarjeta de un conocido para poder comprarse lo que los demás tienen. Son los que lapidan de antemano su flaco aguinaldo al cual ven como la solución a tantos problemas: el pago de las cuentas atrasadas, la oportunidad de comprar algo nuevo para el hogar (si ya tienen la TV plasma y el equipo de música), el hacer regalos, comprar adornos para la navidad, comprar el cordero o el lechón para comer muy bien, el casillero de cerveza, el pan dulce y la sidra. La felicidad pasa por lo que se puede consumir.
La Navidad es mucho más que consumismo
  1. Con todo lo anterior parece que la Navidad es sólo consumir cosas, comidas, regalos, y cuentas. Pero no, la Navidad tiene otras connotaciones que tienen que ver con esa necesidad humana de reunirse para celebrar, de sentirnos unidos y poder festejar. Por eso también en toda la sociedad se experimenta la necesidad de reunirse en familia y con amigos para poder compartir un momento todos juntos, de compartir el mismo pan en la mesa y de sentir el cariño de otros mediante el recibimiento de un abrazo, de un beso, de un regalo, sin importar lo que sea. Tiene muchas veces al árbol de Navidad como centro y, en la mayoría de los casos al pesebre, aunque en el fondo la escusa es estar cerca unos de otros.
Experimentamos en el alma y en el cuerpo esa necesidad afecto que nos atraviesa a lo largo del año y nos hace padecer, que la vamos posponiendo por la velocidad con que vivimos a lo largo del año entre familia, trabajo, compromisos, estudio, etc. Es el abrazo, el beso, el cariño que se transforma en la gran descarga de emociones que el mundo continuamente reprime porque la vida es dura y hay que estar siempre bien para poder sobrellevar las responsabilidades. Al coincidir con el final del año la Navidad es la oportunidad de pasar raya y hacer las cuentas, no sólo las monetarias, sino las que tienen que ver con la propia realización, con aquellas cosas que logré hacer y me hicieron sentir vivo, con las personas que conocí y que se integraron a mis redes de afectos, con aquellos que perdí y que en estos momentos siento su falta. La Navidad es oportunidad de darnos cuenta si al terminar el año hemos crecido en humanidad o si nos hemos cosificado.
La Navidad en la Palabra de Dios
Por un lado dijimos que la Navidad no es consumismo aunque nos quieran convencer de ello y todos seamos víctimas del mercado, y a peor grado los pobres. Por otro lado afirmamos que la Navidad es la oportunidad de dejar aflorar los verdaderos sentimientos que cargamos en nuestro interior y que es la posibilidad de dar y recibir el cariño que nos merecemos por ser seres humanos. Pero aun nos queda algo más por intentar desvelar: la posibilidad que tienen los pobres de vivir el verdadero significad de la Navidad, lo cual no es tan fácil para los que no lo son, ya que el poder adquisitivo mayor es factor de mayor distracción de lo verdaderamente importante. Vayamos a la Palabra bíblica para que nos ilumine en nuestra reflexión.
Leemos en Lucas 2, 6-12: “Estando ellos allí, le llegó la hora del parto y dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había encontrado sitio en la posada. Había unos pastores en la zona que cuidaban por turnos los rebaños a la intemperie. Un ángel del Señor se les presentó. La gloria del Señor los cercó de resplandor y ellos sintieron un gran temor. El ángel del Señor les dijo: -No teman. Miren, les doy una Buena Noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy ha nacido en la Ciudad de David el Salvador, el Mesías y Señor. Esto les servirá de señal: encontrarán un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”. ¿Cómo ilumina nuestra reflexión este texto? Intentaremos destacar algunos puntos que queremos describir:
1- Los pastores, en la época de Jesús, eran parte de la gran masa de excluidos sociales, despreciados no sólo en el ámbito social sino en su mismísima humanidad. Eran vistos como esa parte escindida del pueblo elegido, pues eran pobres, y si eran pobres era porque ellos o alguien de su familia había pecado y Dios los había castigado con la pobreza. En un mundo donde la riqueza era vista como bendición, la pobreza significaba que Dios se había olvidado de ellos, abandonándolos a su propia suerte. Así ellos dedicaban sus vidas al cuidado de las ovejas y guardaban, como todo judío religioso, la esperanza de la llegada del liberador que les traería la vida en abundancia y la liberación de su condición de esclavos y excluidos.
2- El anuncio del Ángel. Más allá de la figura del Ángel nos queremos detener en el contenido de su mensaje: la llegada del tan esperado Mesías del Pueblo elegido, no es con bombos y trompetas, rodeado de un gran ejército poderoso y majestuoso. El Mesías Salvador llega en forma de un niño recién nacido; Dios ha elegido para revelarse la manera más débil de la condición humana: un bebé. Alguien totalmente dependiente de las decisiones de una madre joven y de un padre postizo que aún no saben bien qué hacer con lo que reciben. Es imagen de la completa debilidad: necesita ser alimentado con leche materna, necesita abrigo, necesita cuidados, necesita ser protegido de todos los peligros de la árida vida propia de los pobres.
3- El pesebre. Dios no eligió nacer en el gran Palacio de Herodes, rodeado de todos los lujos propios de la aristocracia judía, donde no falta la comida, ni el vino, ni el mejor coro de aduladores del poder. Tampoco ha decidido nacer en el Gran Templo de Jerusalén donde los sacerdotes decían adorar a al Dios Todopoderoso, creador de todo lo existente, que guió con mano firme al pueblo de la mano de los padres y de los profetas, llegando hasta el Rey Herodes. Dios no ha elegido ni la riqueza ni el poder de los hombres, sino todo lo contrario: ha elegido ser un pobre completo, sin poder alguno y sin riqueza alguna. Ha elegido la debilidad y dependencia. El pesebre quizá sea el peor de los lugares pensables para a llegada del Mesías, del Hijo de Dios, pero así ha sido, ¿porqué? Porque Dios lo ha querido y si lo quiso es porque era bueno.
Estos elementos analizados nos ayudan a destacar un determiando accionar de Dios en la historia humana, que es nuestra historia y que es la historia de Dios con el hombre, y que es allí donde confirmamos nuestra fe en un Dios que se hizo hombre no sólo para que el hombre lo comprenda, sino que -y sobre todo- lo hace para experimentar en su propia carne las necesidades humanas. Creemos firmemente (y así lo confirman los últimos estudios sobre el Jesús histórico de Pagola, Küng, Nolan, Sobrino y tantos otros) en la veracidad del acontecimiento y por ello en ello sostenemos nuestra reflexión.
La Navidad de los pobres: una oportunidad única
Dios regala su mensaje a los olvidados de la sociedad, a los expulsados de los caminos por donde va el común de la masa social. Los pobres hoy son aquellos que, aunque intenten imitar lo que viven y tienen los ricos, no lo pueden hacer, ya que son sometidos a un desprecio social debido a su condición de ser simplemente pobres. Pero son ellos a los que justamente Dios elige para anunciar la llegada del Mesías. También hoy siguen siendo los predilectos de Dios y los que más se asemejan a su Hijo Jesús. Éstos pobres son lo que el Ángel, al dirigirse a ellos, comienza diciéndoles: “No teman. Miren, les doy una Buena Noticia, una gran alegría para todo el pueblo…” El ser visitados por un mensajero de Dios los asusta. Desde el primer momento se muestra que los pastores no se sienten merecedores de ser los primeros en recibir la Buena Noticia. Hoy en día son muchos los pobres que no se creen con derechos a ser felices por lo que la misma sociedad les hace sentir. Muchos de ellos se sienten abandonados por Dios. Pero esto no es así, pues el Dios de Jesús es justamente el Dios de los pobres, de los que no se sienten dichosos de ser los primeros en el Reino.
Muchos pobres se avergüenzan por vivir en las condiciones que viven: en casas hechas con restos de materiales, chapas viejas y usadas, ventanas con nylon transparente como vidrio, puertas herrumbradas, pedazos de muebles viejos sacados de algún basurero o construidos con maderas encontradas en la calle, colchones viejos con olor a humedad, frazadas viejas y sucias… Muchas personas se sienten que no pueden recorrer un shopping con la ropa y costumbres que cargan consigo, pues la sociedad los ha estigmatizado y les hace saber de su rechazo. Es en condiciones similares en las cuales el hijo de Dios nace: un pesebre oloroso y sucio, utilizado como dormitorio y de baño por animales. Es allí donde el Mesías encontró acogida y decidió bajar al mundo terrenal del amor humano. Es allí, y bajo similares condiciones de pobreza, que el Salvador es recibido.
¿No son, entonces, los pobres los que Dios quiere privilegiar con su llegada? ¿Acaso no es entre ellos que el Reino de Dios comienza a tomar forma? Desde aquel día y hasta hoy es entre los pobres donde Dios sigue armando su carpa y en donde nos espera que lo visitemos y lo elijamos para quedarnos a vivir con él. No es en la Meca, ni lo que queda del antiguo Templo Judío ni los palacios del Vaticano, ni las más hermosas estructuras que abrigan la Hostia Consagrada en sus sagrarios, sino que es la vida misma del pobre la que nos muestra el verdadero lugar de Dios, donde habita siempre. Si Dios elige llegar como débil y pobre entre los pobres ¿cómo no ver en la pobreza la posibilidad de descubrir, o al menos convivir, con el Misterio del Dios encarnado? Nuestros trabajos y esfuerzos deben posarse en la pobreza porque es fruto del egoísmo humano que no sabe compartir los bienes que son de todos y que algunos se lo apropian para beneficio de pocos.
Por eso son los pobres los privilegiados. Aunque deben ser conscientes de su ser víctimas de un sistema, también pueden sacar fuerzas del Dios de los pobres, el Dios de Jesús, que decidió venir al mundo en situaciones como las de ellos. El pobre puede encontrar en el pesebre de Belén la inspiración necesaria para recobrar su dignidad de Hijo de Dios, de ser elegido directamente por el Altísimo, que lo ama más que nadie, para saberse DIGNO de Dios, merecedor de una vida feliz y próspera, de saberse valorado, no por lo que tenga, sino simplemente por ser humano. Sin duda que también nosotros, todos los cristianos, tenemos la misión de ayudarlo a ser consciente de esto por todos los medios posibles, pero sobre todo con nuestro compromiso social, político y religioso, de luchar por un mundo más justo y equitativo, donde todos podamos vivir bien. Dios viene en la pobreza para que percibamos donde está la gravedad de los grandes problemas y errores humanos.
“No caben más discusiones: Jesús estuvo de parte de los pobres, los que lloran, los que pasan hambre, los que no tienen éxito, los impotentes, los insignificantes” (Küng), y esta decisión madura de Jesús le viene por una decisión anterior: la decisión de Dios de nacer pobre entre pobres. Por eso los pobres tienen la gran oportunidad de experimentar el verdadero Misterio de la Navidad, ya que llevan marcadas en su alma las cicatrices de los latigazos sociales que reciben a lo largo de todo el año. Mientras algunos intentamos adornar el árbol con un pesebre acorde al nacimiento de Jesús, los pobres parten de su vida diaria para vivir el pesebre. Pero también tienen esa gran posibilidad de mostrar al mundo la horrible situación en la cual todos nosotros los hemos puesto y que esto exige un cambio radical, una revolución urgente.
Deseo ardientemente que la Navidad de los pobres, que no es solamente el día 25 de diciembre sino que cada día de su vida, nos ayude a ver en ellos el verdadero rostro de Dios encarnado, hecho hombre y despreciado hace más de dos mil años y hasta hoy. Somos nosotros los que seguimos ignorándolo mientras comemos tranquilos en nuestra mesa mientras Jesús nace y muere en cada hermano que sufre la pobreza. Que estos pobres de hoy y con los que nos toca convivir, nos ayuden a animarnos a vivir el pesebre de forma real y no solamente representado en una linda imagen de plástico o porcelana, por más piadosa que sea. La Navidad de Jesús nos espera entre los pobres… ¿seremos capaces de vivirla de verdad? 



L'ENDEMÀ







L'endemà
comença
el Nadal
de tot l'any. (J.M. Ballarín







En la valla de Melilla
Cada Navidad hago un belén que intento que sea especial. Me intento imaginar donde habría nacido Jesús si hubiera nacido la Navidad de este año. Hemos idealizado el belén y lo hemos edulcorado pero no deja de ser una denuncia anual de los excluidos. Por eso intento cada año recuperar ese sentido. Llevo varios años en ello y mi belén ha sido, en un campo de refugiados, en el 15M, en un acaparamiento de tierra en América Latina, en un desahucio evitado por la PAH,… y este año ha sido en la valla de Melilla. Lo empecé a hacer para explicar a mis hijos que tipo de cristianismo era el mío y vi que me servía para explicarlo.



UNA  POSTAL  DIGNA  DE  SER   
ENMARCADA 









 
CARTA ALS  REIS  2015

Estimats Reis: Jo com sempre feel a la cita anual. Vos escric la meva carta per fer-vos les peticions per aquest any 2015.

Volia dir-vos: no dugueu més mòbils amb whatsapp, perquè estic fart de veure joves i també persones majors amb càrrecs de responsabilitat, pendents tot lo sant dia del teclat i la pantalleta: el temps del dinar, mentre assisteixen a un acte públic, sigui una conferència o la presentació d’un llibre..., fins i tot durant un funeral. Pensant-ho bé, el que vos deman és que dugueu seny, coneixement, educació i respecte a tots els usuaris per tal que emprin, amb la mesura adequada, aquest aparell que, amb la seva
tecnologia, ens pot comunicar amb els de lluny i, si no anam vius, aïllar-nos dels que tenim a la vora. Ja m’enteneu.

El que sí que em podeu portar enguany són moltes ampolletes de perfum, aigua de colònia, aroma, essència, com li vulgueu dir, per veure si d’alguna manera podrem eliminar la pudor de la corrupció que ens envaeix pertot arreu. Un ja no sap cap a on es pot girar, ni de qui es pot fiar. Una vegada més i, per desgràcia, es compleix aquella dita tan nostra: “Allà on sembla que no hi plou, no hi poden estar de goteres”. Sé que la meva petició no mata la rel del problema però almanco mitiga el tuf.

Cada any, no cal recordar-ho, portau en les vostres carrosses sacs de caramels. Vos deman que n’hi afegigueu uns quants més. Convé repartir-ne a tothom: als nins, als joves, als de mitjana edat i als vells (ara aquest mot no es pot emprar, s’ha de dir majors o tercera edat) per endolcir, reblanir, edulcorar..., no sols el coll o la gargamella, sinó també els cors, les paraules, les expressions de la cara... i així eliminar mots agres, gestos amb arestes, sequedat d’esperit.

Perdonau, sants Reis, el meu atreviment. El regal que ara vos vull comanar és molt especial i per això, el vos hauré d’explicar una mica. Vosaltres destriàreu en el firmament l’estrella que vos guià fins al lloc on era Jesús. Com que en sou els descobridors, és la vostra estrella.

Disculpau la meva gosadia: me podríeu regalar una petita part d’aquesta estrella? Mirau, les tenebres sembla que guanyen a la llum. La fosca cada cop més envaeix el nostre món. La societat actual va molt perduda. Ens manquen el que avui anomenam punts de referència. En va cercam una llum que ens porti on hi ha Jesús. Si em deixau una part de la vostra estrella lluminosa, una espipellada, vos assegur que no la me quedaré només per a mi, la compartiré amb totes aquelles persones que cerquen i a vegades no troben.

Vosaltres no vos cansàreu i, quan l’estrella desaparegué de la vostra vista, seguíreu cercanti així, arribàreu fins a Jesús. D’igual manera, estic segur que la resplendor dels bocinets de la vostra estrella que em portareu guiaran i conduiran cap a Jesús moltes persones que el cerquen; i aquestes mateixes espurnes de llum de l’estrella els menaran a descobrir també el sentit de la vida i a gaudir de l’autèntica alegria.

Esper que, com sempre, atendreu les meves demandes.
Vos estim
Andreu Genovart Orell


dimecres, 24 de desembre del 2014

HANS KÜNG








La serena certeza del deber cumplido
“Estoy a la espera, preparado para despedirme en cualquier momento”. Hans Küng, el teólogo de las muchas batallas, se acerca al final sin dejar de hacerse preguntas y rodeado del respeto de los que fueron sus alumnos
Manuel Fraijó24 DIC 2014 – EL PAÍS
Hacía bastante tiempo que no subía la empinada cuesta que, en la hermosa ciudad universitaria de Tubinga, conduce a la casa de Hans Küng. Hace unas semanas pude volver a hacerlo, reconozco que con bastante emoción. Se me acumulaban los recuerdos. Había conocido al maestro en todo su esplendor, allá por 1970. En mi retina siguen grabadas sus magníficas clases, sus seminarios, su cercanía humana, su apertura ecuménica, su acendrada fe, su pasión por una Iglesia humilde, dialogante, ecuménica, fiel al mensaje de Jesús, atenta a las necesidades del mundo y siempre dispuesta a reformarse. A sus alumnos nos impactaba, sobre todo, su apasionante recreación de la figura de Jesús de Nazaret; probablemente es uno de los teólogos del siglo XX que mejor ha hablado de él. Su libro Ser Cristiano, de 1974, consagrado casi en su integridad a la persona de Jesús, se ha hecho acreedor a un prolongado agradecimiento. Una y otra vez ha vuelto Küng a hablar bien de Jesús, la última en su libro Jesús (Trotta 2014).
Ahora, mientras enfilaba aquella cuesta, esta vez en la grata compañía de su editor español, Alejandro Sierra, y de su mujer, Christiane —le iban a hacer entrega de los primeros ejemplares del tercer volumen de sus memorias, Humanidad vivida—, pensaba en el título del libro de Dietrich Bonhoeffer, Resistencia y sumisión. Yo recordaba al Küng resistente, al teólogo joven y vigoroso, viajero incansable, lleno de energías y proyectos; pero era consciente de que unos minutos después me iba a encontrar ante un Küng familiarizado ya con la sumisión a la que obligan las enfermedades y los años. Tiene 86. Había leído el impresionante capítulo XII de la Humanidad vivida, titulado En el atardecer de la vida, un conmovedor relato de sus males de ahora y de sus esperanzas de siempre; un relato que emocionará a todo el que se entregue a su lectura. Además, estaba informado de que, a finales del mes de junio, su avanzado párkinson le mostró su cara más siniestra: a punto estuvo de forzar el final, de provocar la última sumisión. Pero el párkinson tal vez no había contado con la fuerza y las energías acumuladas de este empedernido deportista, atleta, senderista, nadador y esquiador; en definitiva, no había contado con el Küng resistente.
Fue un encuentro de los que nunca se olvidan. Ante nosotros teníamos al Küng de siempre: sonriente, cordial, ameno. Las huellas de la enfermedad eran perceptibles, pero continuaba siendo el “hombre erguido” que evocaba E. Bloch. Le encantó la edición española de sus Memorias. Y, con notable satisfacción, nos comunicó que la editorial Herder está publicando sus Obras Completas en 24 volúmenes. Con sonrisa pícara añadió: “Esto es efecto del papa Francisco”. Se refería al hecho insólito de que una editorial católica publique sus obras. Y, con gran satisfacción, desplegó sobre la mesa dos cartas del Papa, cuidadosamente archivadas, una de las cuales incluye en este volumen de sus memorias. Es notable su entusiasmo por la figura del actual papa. Le encuentra grandes semejanzas con su admirado Juan XXIII; reconoce que está llevando a cabo reformas necesarias, largamente esperadas y tenazmente defendidas por él y por otros muchos teólogos.
Calladamente yo me preguntaba si esas reformas incluirán su rehabilitación. Es sabido que, hace más de 30 años, Juan Pablo II le privó de su condición de teólogo católico. ¿Cogerá el papa Francisco un día el teléfono —está demostrando que sabe hacerlo— y llamará a Küng para decirle que queda rehabilitado, que la Iglesia no puede permitir que muera como teólogo no católico uno de los teólogos de la segunda mitad del siglo XX y comienzos del XXI que más han contribuido a la difusión y profundización del catolicismo en el ancho mundo? Pensaba en esta posibilidad al contemplar una y otra vez aquella interminable estantería que contiene sus más de 60 libros, algunos de ellos muy voluminosos, traducidos a múltiples idiomas. Una estantería que ha proyectado mucha luz sobre los grandes temas de la vida humana: Dios, Jesús, la Iglesia, las religiones del mundo, el sentido de la vida, la ética, el más allá, el origen de la realidad, la deseada paz, la política y la economía, la música, y un abultado etcétera. Me venían a la mente los elogios que otro grande de la teología, K. Barth, le dedicó cuando solo era una joven promesa: “Le tengo a usted por un israelita en quien no hay engaño”; y terminaba deseando al joven doctor que viniera sobre él el Espíritu. Se tiene la impresión de que el Espíritu no se ha portado nada mal con Küng. También me quedé con una frase, muy breve, de una de las cartas del papa Francisco: “Quedo a su disposición”. Küng no le va a pedir nada para él, pero los demás podemos, desde el respeto y la admiración que sentimos por el papa Francisco, rogarle que no eche en saco roto el caso Küng, que le haga un hueco en su agenda de reformas. Sabemos que no es un asunto fácil, pero Francisco se está especializando en temas arduos.
Digamos, finalmente, que, a estas alturas de la película, a Küng no le obsesiona su rehabilitación eclesiástica; esa beneficiará más a la Iglesia católica que a él. Está mucho más pendiente de la otra rehabilitación, de la que acontece cuando cae el telón de esta vida. En el citado capítulo 12 de la Humanidad vivida ofrece un vivo recuento de los numerosos “achaques” que hacen difícil su día a día. La muerte no es ya una amenaza lejana, sino un visitante que ya no se hará esperar demasiado: “Estoy a la espera”, preparado para “despedirme en cualquier momento”. De hecho, nos encontramos en el despacho en el que le gustaría morir, en el que ha trabajado desde que en 1960 llegó a Tubinga. Y en Tubinga desea ser enterrado. Ya ha comprado la que será su tumba. Reposará junto a sus entrañables amigos Walter Jens y su esposa Inge. Será su último homenaje a la amistad, su postrer intento de cercanía.
Su epitafio será sencillo y breve: “Profesor Hans Küng”. Desea ser recordado por su “oficio”: profesor. “No he sido un profeta, sino un profesor”. Un profesor que, en aquella tarde fría y lluviosa de Tubinga, transmitía paz, sosiego, serenidad. El teólogo de las muchas batallas se acerca al final con la serena certeza del trabajo bien hecho, del deber cumplido. “Mi obra está concluida”. Ha escrito muchos libros, pero, como nuestro Unamuno, no se conforma con la inmortalidad que otorga la obra realizada, desea seguir viviendo él y no solo sus libros. Su fe cristiana le permite esperar un nuevo comienzo, otra vida más allá de la muerte. No desea el final, pero lo acepta con la confianza del viajero que sabe que no peregrina hacia ninguna parte. No es “la nada” nuestra última morada, escribe una y otra vez, sino el Misterio, al que algunas religiones, entre ellas el cristianismo, llaman Dios.
Eso sí: Küng desearía un final benigno, una buena muerte. Le gustaría morir como ha vivido: digna y humanamente. No querría sufrir la terrible y lenta agonía que en 1954 sufrió su joven hermano Georg, víctima de un tumor cerebral; tampoco desearía verse sumido en la demencia padecida por su amigo Walter Jens durante 10 años; y no le encuentra ningún sentido a una vida puramente vegetativa como la sufrida durante demasiados años por Ariel Sharon. Como creyente cristiano sabe que la vida es un don de Dios. En su último libro, Glücklich sterben (Una muerte feliz), al que seguirá otro sobre los siete papas que ha conocido, rechaza expresamente el suicidio. No quisiera devolver su vida al Creador con ira y desesperación. Pero pide ayuda para un buen morir. Rechaza la alimentación artificial y la respiración asistida como formas de prolongar la vida. Y se pregunta si el acto de desconectar esas máquinas, lo que llamamos eutanasia pasiva, no es “tan activo” como el de suministrar una elevada dosis de morfina que causa igualmente la muerte, es decir, la eutanasia activa. Preguntas y más preguntas. Küng se ha pasado la vida practicando la teología de la pregunta.
Caía ya la tarde cuando me despedí, con más emoción que nunca, del maestro y del amigo. ¿Nos volveremos a ver? En Tubinga seguía lloviendo, como casi siempre por estas fechas.
Manuel Fraijó es catedrático emérito de Filosofía de la UNED.

&&&&&&&&&&&&
 


DECLARACIÓN DE ATRIO POR LA REHABILITACIÓN DE HANS KÜNG
REDACCIÓN DE ATRIO, atrio@atrio.org
VALENCIA.
ECLESALIA, 12/01/15.- La Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe condenó al profesor Hans Küng en diciembre de 1979 al declarar que “no puede ser considerado como teólogo católico y que no puede ejercer como tal el oficio de enseñar”. Esta declaración oficial (aprobada por Juan Pablo II y firmada por el cardenal Seper, antecesor del cardenal Ratzinger como Prefecto de la Congregación) culminaba un proceso de desacuerdos y desautorizaciones con el episcopado alemán y la curia que duró más de cinco años. Manuel Fraijó contó ya, hace treinta y cinco años, este proceso en “Hans Küng en conflicto con Roma”.
Hans Küng, que había buscado siempre el diálogo con los obispos alemanes y con el papa, mantuvo a pesar del golpe su dedicación a la teología, su condición de sacerdote católico y su lealtad crítica hacia las autoridades de lo que él siempre ha declarado que era ”su Iglesia”.
Sus aportaciones teológicas y éticas han ayudado a muchos creyentes adultos a conservar su fe cristiana y su pertenencia a la comunidad católica. Y a muchos no creyentes, a entender y respetar la verdadera fe cristiana. Esa es la verdadera misión del teólogo.
Hans Küng, tras la elección de Benedicto XVI, pidió a todos un voto de confianza hacia su ex compañero de cátedra, imponiéndose un silencio que duró un largo periodo.
Últimamente, ante la gravedad de los hechos que la misma dimisión del papa confirmó, volvió a hablar en público de la grave situación en que se encontraba la Iglesia (¿Puede aún salvarse la Iglesia?). Por eso ha recibido con esperanza la elección del nuevo papa.
Hoy en día, aquejado por la enfermedad, está alejado de la vida pública y da por concluida su obra con la aparición del último tomo de sus memorias: Humanidad vivida. Creemos que es una persona que se merece  –y si es posible en vida– el reconocimiento y gratitud de su comunidad eclesial y la rehabilitación respecto a la privación de la venia docendi decretada contra él.
Por todo ello, solicitamos de los obispos alemanes, de la curia romana y del obispo de Roma:
  • La revisión  de la causa de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe “sobre algunos puntos de la doctrina teológica del profesor Hans Küng”, anulando las decisiones canónicas que incluían contra él.
  • Que, mientras esta revisión se lleva a cabo, se devuelva de alguna manera pública la condición de teólogo católico al profesor Küng. Estos actos de reconocimiento debería provenir tanto del conjunto del episcopado alemán como del gobierno central de la Iglesia en Roma. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).






dilluns, 15 de desembre del 2014

CONCERT DE NADAL










        CORAL  DE  FARTARITX

 
CORAL DE  L'ESCOLA MUNICIPAL DE  
MÚSICA  I  DANSA    DE  MANACOR    

       CORAL  DE  LA  LLAR  DE  MANACOR


CORAL  PARROQUIAL   ELS   DOLORS      



     CORAL PARROQUIAL  DE  CRIST  REI

LES  CORALS  PARROQUIALS  
CANTEN
EN  "HOMENATGE"  A   ANTONI  PERELLÓ




CORAL DE  L'ESCOLA MUNICIPAL  DE MÚSICA 
DE  PORTO  CRISTO     

               

 COR  DE  CAMBRA  "ARS  ANTIQUA"



     CORAL   JOVE  DE     MANACOR



CANT  FINAL 






divendres, 12 de desembre del 2014

SANTUARI DE LLUC - ESCUTS






DIA  11   DE  DESEMBRE   2014

Vàrem  anar  a  Lluc  per  a  dinar  plegats  amb  les  germanes 
  i  celebrar  "SANTA  BÀRBARA"  que  
ja  havia  passat....


ELS   ESCUTS   DE  
LES  VILES  DE  MALLORCA... 
  


SA POBLA             
      MANACOR

ANDRATX      

        SÓLLER