divendres, 19 de juny de 2015

SEDES SAPIENTIAE






Minut  08.12-18.00  dedicat  a  LA   SAPIENTIA


ENTRADA   (2010)






EL PONTIFICIO COLEGIO DE LA SAPIENCIA
DE MALLORCA DURANTE EL SIGLO XVII:
CONSTITUCIONES Y COLEGIALES*






















LA  CAMPANA  SONA   (06  H.)   1.963
AL IGUAL QUE TANTAS OTRAS INSTITUCIONES CONCEBIDAS para contribuir am la educación superior y para la reforma de las costumbres, el Pontificio Colegio de la Sapiencia nació al calor de las reformas tridentinas. Concebido como un colegio destinado a la formación de sacerdotes, el Colegio de la Nuestra Señora de la Sapiencia fue erigido en 1633 y puesto en funcionamiento a partir de octubre de 1635. El Concilio de Trento había subrayado la importancia de la buena formación de los presbíteros y, en muchas ocasiones, colegios como el de la Sapiencia ofrecían una adecuada solución en Diócesis con carencias institucionales o formativas.
Por su estructura puede vincularse con otros colegios mayores de la Corona de Aragón, como el del Corpus Christi de Valencia o el de San Vicente Mártir de Huesca o más específicamente con el de la Presentación, que fundó santo Tomás de Villanueva en Valencia. Inicialmente, como es sabido, el Colegio de la Presentación de María en el Templo era simplemente un Colegio Menor para la formación y alojamiento de veinte clérigos pobres, que luego fue transformado en Colegio Mayor1.

El Colegio de la Sapiencia se situaba, al igual que algunos colegios valencianos (Corpus Christi, Presentación, Monforta), a medio camino entre los afamados Colegios Mayores y los Colegios Menores o Seminarios pensados exclusivamente para reclutar y auxiliar a los estudiantes pobres2 (como el de Santa Cruz de Huesca).
En toda la geografía hispana se encontraban instituciones similares, pensades para la renovación moral y espiritual de los aspirantes al sacerdocio, muy diferentes de los Colegios Mayores de las Universidades Mayores, a las que los estudiantes de la Corona de Aragón tuvieron un acceso limitado3.
La Diócesis de Mallorca, durante el siglo XVII, no tenía un Seminario adaptado a la normativa tridentina, como tampoco poseía una Universidad capaz de col·lacionar todos los grados, puesto que faltaban los privilegios pontificios4. El Estudio General, sobre todo después de una serie de reformas establecidas en 1665, empezaba a funcionar con más o menos normalidad y era necesario que los jóvenes que aspiraran al sacerdocio no quedasen sin formación por falta de ayuda económica.
El Colegio de la Sapiencia estaba pensado para becar a doce jóvenes
estudiantes con pocos recursos para que pudieran completar sus estudios. Su fundador, el canónigo penitenciario Bartomeu Llull, deseaba poner remedio a la situación de desamparo intelectual y económico de aquellos aspirantes al sacerdocio que no tenían medios6. Para ello, después de conseguir la aprobación pontifícia en 16297, erigió definitivamente este Colegio, dotándole de unas constituciones directamente inspiradas en el de La Presentación de María en el Templo de Valencia8.

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1 Véase BARTOLOMÉ MARTÍNEZ, B.: Historia de la educación en España y América: La educación en la España moderna (siglos XVI-XVIII), vol. II, ed. Morata, 1993, pp. 306-308.
2 BARTOLOMÉ MARTÍNEZ, B.: «Pobreza y niños marginados en la edad moderna», Historia de la Educación. Revista Interuniversitaria, 18 (1999), pp. 33-50.
3 CUART MONER, B.: «Naturals i forans. Algunes consideracions sobre col.legis majors i col.legials de la Corona d’Aragó a l’època moderna», Pedralbes, 18-2 (1998), pp. 251-264.
4 Véase SANTAMARÍA, A.: La Promoción Universitaria en Mallorca, Palma, Annals, 1983, y RAMIS BARCELÓ, R.: «Sobre la denominación histórica de la Universidad de Mallorca: cuestiones institucionales e ideológicas en torno al lulismo», Cuadernos del Instituto Antonio de Nebrija de Estudios sobre la Universidad, 13/2 (2010), pp. 237-263.
5 BPM, Ms. 24, ff. 77-88v.
6 La obra clásica es GELABERT, M.: El Dr. D. Bartolomé Lull y el colegio de Nuestra Señora de la Sapiencia, Palma, Joan Colomar i Salas, 1892.
© EDICIONES UNIVERSIDAD DE SALAMANCA Hist. educ., 33, 2014, pp. 167-192

El Colegio de la Sapiencia, fundado en 1633, estuvo en funcionamiento desde 1635 hasta 1970, año en que fue convertido en Seminario Mayor, destino que mantiene hasta nuestros días. En este trabajo estudio los orígenes del Colegio y su evolución hasta 1700 en la vertiente institucional. Cada una de las épocas de esta institución tiene una rellevància distinta para la formación de los clérigos9 y, sobre todo, para la configuración de una élite de profesores y de apologistas del lulismo y de la cultura mallorquina. El XVII es una época compleja y el conocimiento de la normativa, de los colegiales y de su vida puede ser muy útil para entender su relevancia tanto en el contexto mallorquín como en el de las instituciones educativas de la época. Para ello, me detengo en un análisis de las Constituciones y una serie de libros del Colegio, especialmente los referentes a oposiciones, visitas y capítulos. En el anexo final aparecen consignados los colegiales del período, junto con algunos datos relevantes de su trayectoria, así como también una relación de los rectores de la institución.

1.  Constituciones

A lo largo de quince capítulos, el fundador desgranó sus intenciones y el plan de vida que quería para la Institución, siguiendo las directrices que había dado Tomás de Villanueva para el Colegio de La Presentación de María en el Templo de Valencia, fundado en 1550. En el primer capítulo se decía que la idea principal era establecer un Colegio para la formación de candidatos al sacerdocio sin recursos10 («fundare Collegium ad sustentationem pauperum studentium […] ut ad presbyteratus ordinem pervenire possint, eromque exemplo et doctrina qui ex dicto Collegio exierint, haec diocesis Majoricensis in animarum regimine et praedicatione
adjuvetur»)11.
En el segundo se indicaba que en el colegio podía haber doce colegiales, dos familiares para el servicio12 y un cocinero13. Los colegiales debían ser pobres, de la Diócesis de Mallorca, de al menos dieciocho años y de padres honestos. Debían tener ya conocimientos de gramática para estudiar filosofía y teología, no tenían que tener impedimento canónico ni notables taras corporales. Debían ser morigerados

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7 «Noticia histórica de la fundación, progresos e ilustres varones que ha producido el Colegio de la Sapiencia», en Constitutiones in Lulliano Baleari Majoricae Collegio B. V. Mariae Sapientiae Observandae, a D. D. Bartholomeo Lull Canonico Fundatore Editae, Palmae, Apud D. Philippum Guasp, 1834, p. 7.
se indican las mismas ideas, salvo el hecho de que los colegiales tenían que ser diez. y dóciles, y aptos para el estudio de la teología. No se admitían clérigos regulares, ni novicios ni profesos. Sus bienes no podían exceder de veinticuatro libras censales14.
En el tercer capítulo se explicaba el sistema de elección de los nuevos colegiales15: cuando vacase alguna prebenda se debían poner carteles en las puertas de la Catedral, en el Estudio General, en el Colegio de la Compañía y en el Monte de Randa. Durante un mes se podían oponer a la beca y los colegiales, a toque de campana, debían ser convocados para examinar los conocimientos de los opositores y su virtud, y para elegir los más hábiles mediante votación secreta. Debían escoger a los mejores, según juramento, y el que obtuviese los votos de la mayor parte debía ser escogido. Si hubiese empate, el voto del Rector decidiría. Los Colegiales podían permanecer en el Colegio hasta ocho años y no había posibles prórrogas.
Si los Colegiales se encontraban ausentes por mandato del Rector, el lapso no les sería tenido en cuenta a efectos de cómputo de los ocho años. Se mandaba que no pudiese haber dos colegiales de una misma villa, salvo de Artà16, donde era posible, y de Palma, en cuyo caso podía haber hasta tres17.
El capítulo cuarto trataba de la elección del Rector, de los Consiliarios y del Procurador18. Los propios colegiales tenían que escoger cada año al Rector y a dos consiliarios que, conjuntamente con el Rector, debían ocuparse de los réditos del Colegio. El Rector podía ser reelegido,

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8 En el apartado siguiente se van a confrontar las Constituciones del Colegio valenciano y del Colegio mallorquín, para mostrar sus extraordinarias coincidencias.
9 Véase AMENGUAL I BATLE, J.: Història de l’Església a Mallorca. Del Barroc a la Il·lustració (1563- 1800), vol. II, Palma, Lleonard Muntaner, 2002, pp. 159 y ss.
10 Constitutiones Collegii Majoris B. V. Mariae de Templo, Conditi per patrem nostrum S. Thomam
a Villanova, Archiepiscopum Valentinum, Valentiae, Typis Nicasii Rius Monfort, 1894, cap. 1, pp. 6-8.
11 Constitutiones in Lulliano Baleari…, p. 18.
12 Por ejemplo, Antoni Calafat, de Santa Margalida, fue elegido familiar en 1654, ADM, La Sapiencia,
Llibre de opositions y elections, f. 27v.
13 Constitutiones Collegii Majoris B. V. Mariae de Templo…, cap. II, p. 8
EN  TORN   A  RAMON  LLULL
(Col.legials  1.963)
como máximo durante un trienio. Debían nombrar también un Procurador para que hiciese las compras de todo lo necesario y se ocupase de los gastos19.
El capítulo quinto trataba de la vestimenta de los colegiales20, que debía ser un hábito talar con una beca de color rojo (para reivindicar el carácter luliano del Colegio, puesto que se consideraba que Llull era mártir). Los familiares debían tener el mismo vestido sin beca. Los Colegiales no podían ir solos sin permiso del Rector, bajo pena de ser privados de vestido, la primera vez, suspendidos del Colegio por un año, por segunda vez, y suspendidos definitivamente si lo hacían por tercera vez. La puerta del Colegio debía estar cerrada por las noches y, de sus dos
llaves, una la tenía el Rector y la otra el hostiario (hostiarius), que debía ser un colegial de nuevo ingreso. Los colegiales debían dormir solos en sus camas: si se encontraba a un colegial o familiar en el vicio de la fornicación o en peores delitós carnales, debía ser expulsado. Para mayor decoro y honestidad, no podían entrar mujeres, aunque fuesen ya entradas en años (longaeva et annosa)21.
El sexto capítulo hacía referencia a la curación y alimentación de los col·legiales enfermos22, mientras que el séptimo trataba de las costumbres y vida de los colegiales23. Se decía que cada uno debía estudiar en su habitación sin molestar a los demás. El Rector debía reprender a los colegiales revoltosos, pero no podían ser expulsados quienes cometiesen infracciones sin mediar la mayoría de votos del capítulo de los colegiales(salvo fornicación y delitos mayores).
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14 Constitutiones in Lulliano Baleari…, p. 19. Sobre el carácter relativo de la «pobreza» exigida a los colegiales, véase DE LARIO RAMÍREZ, D.: «El requisito de pobreza en los Colegios Mayores Españoles », Pedralbes: Revista d’historia moderna, 15 (1995), pp. 153-172.
15 Constitutiones Collegii Majoris B. V. Mariae de Templo…, cap. III, pp. 9-11.
16 El Fundador tenía un pingüe beneficio en Artà, exento de residencia, cuyos frutos constituían la mitad de las primicias de esa Parroquia. Este hecho explicaría la abundante presencia de colegiales de este pueblo. Véase GELABERT, M.: El Dr. D. Bartolomé Lull y el colegio de Nuestra Señora de la Sapiencia, op. cit., p. 10.
17 Constitutiones in Lulliano Baleari…, pp. 20-22.
18 Constitutiones Collegii Majoris B. V. Mariae de Templo…, cap. IV, pp. 11-13.
19 Constitutiones in Lulliano Baleari…, pp. 22-25.
20 Constitutiones Collegii Majoris B. V. Mariae de Templo…, cap. V, pp. 13-16.
21 Constitutiones in Lulliano Baleari…, pp. 25-27.
         Se indicava también la necesidad de la confesión mensual, de la adecuación para recibir la Eucaristía y de la lectura comunitaria de las Sagradas Escrituras24.
En el octavo capítulo25 se indicaba que los colegiales no debían dormir fuera del Colegio, a no ser en caso de enfermedad, y con permiso del Rector26. Si el colegial enfermo tenía parientes, podían acogerlo para curarle, a sus expensas.
Ningún colegial podía ausentarse fuera de la ciudad por dos meses continuos o interpolados, a no ser por enfermedad u otra causa grave, bajo pena de perder la prebenda27.
En el capítulo noveno se indicaba que los colegiales debían oír misa cada día, y que ésta debía ser celebrada por uno de los dos sacerdotes de la casa. De la misma manera, antes de la cena debían rezarse las letanías a la Virgen. Debían leerse también conclusiones de artes y de filosofía en los días festivos, y éstas debían celebrarse con modestia. En los dos últimos años de residencia, cada colegial debía leer el Arte general del Beato Ramon Llull, un hecho que propició que la cátedra luliana de Artes del Estudio General tuviese alumnos cualificados28.
En el décimo capítulo se trataba de los familiares, que tenían que ser fámulos que sirviesen en la mesa y se ocupasen de los menesteres de los Colegiales29. Se detallaba el trato cordial que debía dispensarles el Rector, que tenía que intentar corregir los errores que tuviesen. Si fuesen incorregibles, debían ser expulsados. Los familiares tenían que tener como mínimo dieciocho años, saber al menos algo de gramática, ser oriundos de la Diócesis de Mallorca y que no tuviesen impedimento para que pudiesen ser sacerdotes. Su prebenda duraba cinco años y, si el Rector y el Capítulo lo consideraban, podía alargarse hasta siete. En cuanto al cocinero, podía ser contratado y expulsado libremente por el Rector30.
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22 Constitutiones in Lulliano Baleari…, p. 27. En 1675 consta la contratación de dos médicos: el principal tenía que ser Gabriel Serra, catedrático de Anatomía en el Estudio General, que debía percibir un salario, y otro médico sin salario, ADM, La Sapiencia, Llibre de opositions y elections, f. 64. Véase también Constitutiones Collegii Majoris B. V. Mariae de Templo…, cap. VI, pp. 16-17.
23 Constitutiones Collegii Majoris B. V. Mariae de Templo…, cap. VII, pp. 18-19.
24 Constitutiones in Lulliano Baleari…, pp. 28-30.
25 Constitutiones Collegii Majoris B. V. Mariae de Templo…, cap. VIII, pp. 20-21, tratan del procurador y de los bienes temporales, un cargo que había quedado estipulado en el cap. IV de las Constituciones del Colegio de la Sapiencia.
En el undécimo capítulo se indicaba que si fuese necesario alienar algún bien mueble o inmueble, ni el Rector ni los Colegiales podían hacerlo sin el consenso del Obispo ni de los Jurados, que ejercían como patronos. Lo mismo sucedía con los negocios referentes a los censos31.
En el duodécimo capítulo se hacía referencia al visitador32, que tenía que ser un canónigo, o un maestro en teología o un doctor en cánones, elegido por los Patrones del Colegio. La visita tenía que empezar el día de San Lucas (18 de octubre) y se tenía que extender durante los doce días siguientes, y no más. En ella, el visitador tenía que examinar el estado del Colegio, así como debía indagar acerca de la vida y costumbres del Rector y de los Colegiales. Si fuese necesario, debía corregir, prohibir y enmendar todas aquellas costumbres contrarias a las Constituciones.
El Visitador, antes de empezar la visita, debía jurar que actuaría libre de amores y odios, buscando el bien de los colegiales. Se le daría un pago de cinco libras por su labor. Debía testificar ante notario sobre el estado del Colegio y su informe debía quedar en el Archivo del Colegio para que los visitadores siguientes pudiesen tenerlo en cuenta antes de empezar su inspección33.
En el decimotercer capítulo se hacía referencia a los Protectores, que tenían que ser el Obispo y los Jurados. En ausencia del Obispo, la autoridad recaería en el Vicario General. Al igual que en el Colegio de la Presentación de Valencia, el canónigo Llull quiso contentar también a las instituciones civiles y eclesiásticas, haciéndolas partícipes de los mecanismos de control de la institución34.
Los dos últimos capítulos indicaban que debía celebrarse anualmente una misa por el alma del fundador35 y para la de los suyos, sin gran solemnidad36, y que el día primero de cada mes el Rector, o en caso de ausencia el Vicerrector, tenía que convocar a los Colegiales para tratar los temas concernientes a la buena marcha del Colegio, y el Rector tenía que corregir y enmendar las actitudes impropias,para mayor gloria de Dios37.


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26 Constitutiones Collegii Majoris B. V. Mariae de Templo…, cap. IX, pp. 21-22.
27 Constitutiones in Lulliano Baleari…, pp. 30-31.
28 Constitutiones in Lulliano Baleari…, pp. 31-32. En el Estudio General, la filosofía luliana era bienal, mientras que cuando se erigió la Universidad, pasó a ser trienal. Véase ADM, Causa Pía Luliana, Manuscrit Qüestions Vàries. Papeles Sueltos. 1691-1751, f. 265.
29 Constitutiones Collegii Majoris B. V. Mariae de Templo…, cap. X, pp. 22-23.
30 Constitutiones in Lulliano Baleari…, pp. 32-33.

2.  La institución

Emplazado en un lugar céntrico, el Colegio de la Sapiencia estaba relativamente cerca de las grandes instituciones eclesiásticas y educativas del momento. Estaba radicado cerca del Colegio de Montesión –de la Compañía de Jesús– y del Convento de San Francisco, y no quedaba lejos del Estudio General Luliano y de la Catedral.
Quizás la institución que quedaba algo más lejana (geográfica e ideológicamente) era el Convento de Santo Domingo. El Seminario Diocesano se erigió casi enfrente del Colegio de la Sapiencia y entró en funcionamiento en 170038. En esa misma fecha la fábrica del edificio no estaba concluida y la altura la fachada principal del Colegio era aún inferior a la de los corredores del patio39.
El Colegio, a la sazón, poseía un huerto anexo, lo que le daba buenas vistas y gran espaciosidad. Por sus grandes dimensiones, la Sapiencia era un lugar en el que podían vivir holgadamente los doce colegiales, los dos familiares (fámulos) y el cocinero, si era soltero y así lo querían. En un primer momento tuvieron que hacerse numerosos cambios para adaptar el edificio al aislamiento de unos jóvenes que, pese a estar rodeados de vecinos40, no podían recibir demasiadas visitas, ni distraerse con las vistas que desde él se podían contemplar.
La Capilla, el refectorio, la biblioteca y los aposentos eran las estancias centrales del Colegio, caracterizado por una sobriedad no reñida ni con el decoro ni con la elegancia. Por ejemplo, los aposentos contenían «una cama de madera, una silla común, un bufet de madera, un taburete y una candela de madera»41. La capilla  era sencilla y sin excesivos ornamentos.
PATI  INTERIOR   (2010)
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31 Constitutiones in Lulliano Baleari…, p. 34.
32 Constitutiones Collegii Majoris B. V. Mariae de Templo…, cap. XII, pp. 24-27.
33 Constitutiones in Lulliano Baleari…, pp. 35-36.
34 Constitutiones in Lulliano Baleari…, pp. 37-38. Constitutiones Collegii Majoris B. V. Mariae de Templo…, cap. XIII, pp. 27-29. En este último caso, los protectores eran los Jurados de la Ciudad de Valencia, y en ausencia del Arzobispo, el protector era el Vicario Capitular.
35 Constitutiones Collegii Majoris B. V. Mariae de Templo…, cap. XI, p. 24.
36 Constitutiones in Lulliano Baleari…, p. 38.
37 Constitutiones in Lulliano Baleari…, p. 39.
38 Véase AMENGUAL I BATLE, J.: Història de l’Església a Mallorca…, op. cit., pp. 163-166.
La biblioteca estaba bien surtida y en ella había tanto libros de escolástica y de cánones como sermonarios. Todo estaba pensado para la buena formación de los sacerdotes quienes, por lo demás, podían acceder a libros de Erasmo y de Cicerón, aptos para favorecer respectivamente su piedad y su buen estilo en la retórica.
También había libros de Historia de Mallorca, que favorecieron la curiosidad de los colegiales por su propia cultura. Sin embargo, lo que más destaca es la presencia de libros y manuscritos de obras de Ramon Llull, que casi representaban la mitad de los fondos de la Biblioteca42. Sin duda, la Sapiencia estaba concebida para ser un centro luliano y al servicio de la piedad y de la devoción de la Diócesis de Mallorca.
El Colegio tenía asimismo algunas rentas que tenía que gestionar. La Institución basaba su supervivencia en ellas, de modo que era necesario que el Rector y el Procurador se ocupasen de los negocios de la casa, tanto de las rentas como de las compraventas con los bienes obtenidos en ellas. No se trata aquí de estudiar a fondo la economía del Colegio, que queda para los especialistas en historia económica, sino de dar algunas pinceladas para entender mejor el marco colegial.

3. Los colegiales

Las Constituciones constituyen la normativa que teóricamente debía regir una institución. Por lo general, la vida diaria acababa matizando –cuando no desvirtuando– muchos de los preceptos señalados en ellas. Cabe decir, como apunte inicial, que el espíritu del fundador se mantuvo en gran medida durante el siglo XVII, una centuria en la que la Sapiencia devino no solamente un centro cultural, sinó una institución que dio a la Iglesia y a la sociedad de Mallorca una pléyade de intelectuales que amaron, fomentaron y preservaron el marco y el legado cultural y espiritual de la isla.
Al hilo de los diferentes capítulos de las Constituciones, en los próximos apartados se intentarán esbozar los perfiles sociológicos de los colegiales, así como también su formación, trayectoria y pensamiento. Por último, se tratarán también los no pocos conflictos de los Colegiales con los Protectores, similares a los ocurridos en muchos Colegios Mayores y Menores de la misma época.
Su ingreso se producía a partir de los dieciocho años, aunque hubo algunas excepciones. Hasta 1680 no constaba la edad de los opositores,
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39 Véase GELABERT, M.: El Dr. D. Bartolomé Lull y el colegio de Nuestra Señora de la Sapiencia, op. cit., p. 29.
40 ADM, La Sapiencia, Libro de visitas 1637 hasta 1715, ff. 2-10.
41 ADM, La Sapiencia, Libro de visitas 1637 hasta 1715, ff. 227v.-229v.
42 ADM, La Sapiencia, Libro de visitas 1637 hasta 1715, ff. 185-188v.
pero desde entonces sabemos, por ejemplo, que Miquel Feliu se opuso a los quince años, Felip Garau a los dieciséis y Pere Puig también a los dieciséis43. También hubo casos en los que el ingreso se producía en un momento muy avanzado de la formación, como por ejemplo, Antoni Vives, que se opuso a los veintiún años o Joan Bonafè a los veintitrés44.
El ingreso de los jóvenes en el Colegio de la Sapiencia se hacía mediante una rigurosa oposición, tal y como se indicaba en las Constituciones. Por cada plaza, solía haber varios aspirantes, que procedían de diferentes lugares de la isla. A lolargo del XVII se mantuvo una proporción entre los opositores de los diferentes pueblos de Mallorca (destacaban Manacor, Inca, Felanitx, Artà, Andratx, Llucmajor, Sóller y Campos), así como también el número de los opositores de Palma era constante, y representaba alrededor de una quinta parte del total.
Los padres solían ser personas relativamente pobres, aunque con suficiente capacidad para costear los estudios elementales de sus hijos. Es cierto que algunos colegiales provenían de escuelas de gramática como la de Randa, pero la mayoría estudiaban ya en Palma y recibían la ayuda de alguna persona benefactora o dependían completamente de sus padres. La beca de la Sapiencia solventaba buena parte de los problemas pecuniarios, pues permitía la estancia en Palma durante ocho años, un tiempo más que suficiente para completar los estudios y lograr un beneficio que permitiese al colegial disfrutar de una situación privilegiada para el resto de su vida.
La Sapiencia fue principalmente un medio de logro de estatus de los hijos de menestrales y agricultores relativamente acomodados45 quienes, gracias a una completa educación, pudieron recabar algunos de los puestos más importantes en la Diócesis de Mallorca y que, en algunos casos, su fama se extendió más allá de la misma. Eran jóvenes aventajados que, sin un Seminario ni una Universidad a pleno rendimiento, encontraron en el Colegio una institución educativa y formativa, donde el ideal pedagógico era la eliminación de las barreras entre las clases no privilegiadas y las privilegiadas y la formación de sacerdotes con celo ardiente, defensores de la cultura y las tradiciones mallorquinas.
Las oposiciones consistían en el examen de las cualidades y de las habilitades de los opositores por parte de los Colegiales, quienes debían votar bajo juramento, pro majori parte, a los mejores. Antes de proclamar el resultado, sobre todo en las últimas décadas del XVII, los Colegiales tenían que pasar el nombre de los mejores a los Protectores, para que se hiciesen indagaciones secretas acerca de sus orígenes y trayectoria. Si los
 CUINER  (G. BONET)  I  COL.LEGIALS   (1.964)
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43 ADM, La Sapiencia, Llibre de opositions y elections, ff. 79 y 90.
44 ADM, La Sapiencia, Llibre de opositions y elections, ff. 58rv. y 68.
45 Hubo excepciones: por ejemplo, el padre de Felip Garau era notario. ADM, La Sapiencia, Llibre de opositions y elections, any 1696, f. 1v.
Protectores (generalmente el Obispo) daban su placet, el Rector imponía con solemnidad la beca rúbea al nuevo colegial, que debía realizar el juramento de obediencia a las Constituciones46.
Como en todos los Colegios que tenían un patronato fuerte, hubo fricciones entre los Colegiales y los Protectores, pues los primeros reclamaban independència de juicio y los segundos progresivamente querían controlar los nombramientos.
Hasta 1670, los Colegiales fueron relativamente libres en sus decisiones, però luego se impuso la práctica de que, antes de proclamar los resultados, los Protectores tuvieran un tiempo para examinar secretamente la trayectoria de los candidatos y poder discriminar a los que no les parecían adecuados47. Normalmente el Rector pasaba los nombres de los candidatos que le parecían los mejores y, de entre ellos, los Patronos escogían a quienes consideraban más convenientes.
Hubo endogamia, aunque moderadamente: era común que los padres enviasen a probar fortuna a varios de sus hijos y que, por ejemplo, dos hermanos disfrutasen de la beca consecutivamente. Es el caso de Antoni Vives Massanet y de su hermano pequeño Joan, que entró cuando el primero dejó la institución48. En varios casos, los opositores tuvieron que presentarse dos y tres veces para lograr la beca, puesto que ni la edad ni los estudios ya cursados garantizaban la aprobación de los colegiales. Los evaluadores tenían que ponderar entre los méritos y la capacidad del opositor y su edad, un hecho que determinaba que, por ejemplo, se prefiriese un estudiante joven de filosofía, con buen aprovechamiento, que uno más mayor –de teología– pero sin tanta brillantez49.
Era frecuente que los colegiales permaneciesen en el Centro durante los ocho años que duraba la colegiatura, un hecho que les permitía completar cómodamente sus estudios, llegar al sacerdocio y opositar50. Muchos eran los colegiales que ejercieron como profesores durante algunos años y que luego buscaran el tan ansiado beneficio. Lejos de lo que pudiera parecer, el Colegio de la Sapiencia no era un seminario para sacerdotes de «misa y olla», sino un trampolín a importantes beneficios, o como mínimo a aquellos que no estaban reservados a determinades familias. Así, los colegiales obtuvieron curatos y cuantiosos beneficiós menores, pero progresivamente llegaron a alcanzar alguna canonjía. Con todo, el verdadero ascenso social de los Colegiales de la Sapiencia se produjo ya en el XVIII y, sobre todo en el siglo XIX.
En el Colegio, los colegiales desempeñaban diferentes funciones: la de Rector (y, en su ausencia, la de Vicerrector), la de Procurador y la de Secretario. Esta última no estaba específicamente regulada en las Constituciones. A lo largo de su vida en la Sapiencia, los diferentes colegiales iban recibiendo las órdenes menores, hasta llegar  al  sacerdoció:su evolución anual puede detectarse en el libro de capítulos,
donde indicaban su grado (consignaban si eran acólitos, subdiáconos, diáconos o sacerdotes)51. Los sacerdotes, como se ha visto ya, tenían la obligación de celebrar la Eucaristía cada mañana por turnos.
Una buena parte de los colegiales llegó a ser Rector, un cargo que era anual, pero que podía prorrogarse hasta tres años. Por ejemplo, Joan Jaume fue el primer Rector, que regentó el Colegio por dos trienios, con una interrupción obligada por los propios estatutos52. Otros colegiales, como Joan-Baptista Amorós, fueron Rectores en varias ocasiones y otros, como Miquel Garau, fueron reelegides rectores por espacio de tres años. Estos rectorados tan extensos en el tiempo se explican no tanto por la excepcional personalidad de los candidatos, sino porque había una diferencia de edad muy notable entre los colegiales jóvenes y el Rector.
Ello sucedía cuando, por ejemplo, había varias vacantes en años consecutivos y se convocaban muchas colegiaturas en pocos años53. Los colegiales tenían que reunirse a so de campana en Capítulo, como mínimo, una vez cada año, para decidir libremente sobre cuestiones que les concernían.
El primer capítulo se celebró el primero de noviembre de 1635, convocado  por Joan Jaume, Rector, al que asistieron los colegiales Gabriel Cerdà, Cristòfol Obrador, Miquel Feliu, Rafael Fullana y Jaume Gornals54, los seis primeros becarios de la institución, a los que progresivamente se les fueron añadiendo otros.
Junto con la renuncia, había dos circunstancias más que extinguían la
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46 El Juramento de los Colegiales era: «Ego. N. promitto ad hoc Collegium accedere, litterisque vacare, ut ad Sacerdotis gradum pervenire valem, ac quamdiu quero in dicto Collegio bona et redditus ipsius Collegii, pro meo posse, conservare, et alienari aut dissipari non permittere; totoque tempore vitae meae Collegii honorem et utilitatem, quantum potero, procurare: neque etiam contra illud aut  illis personas ullo tempore faborem praestare: in meoque ultimo testamento ob memoriam dicti Collegii aliquod legatum pium, quamtuvis modicum, in signum benevolentiae ei relinquere. Et denique tibi domino Rectori tuisque successoribus, quamtum Collegius habitavero, in licitis et honestius, ac constititionibus hujus Collegii nin contrariis, obedientiam praestar. Haecque juro per haec + sacrosancta Evangelia». Véase Constitutiones in Lulliano Baleari…, p. 39.
47 ADM, La Sapiencia, Llibre de opositions y elections, f. 85v.
48 ADM, La Sapiencia, Llibre de opositions y elections, ff. 89v.-90v.
49 Véanse, por ejemplo, las oposiciones de 1680 y 1682, ADM, La Sapiencia, Llibre de opositions y elections, ff. 71v y 73v.
50 En las primeras décadas los colegiales recabaron beneficios menores: rentas sobre un curato, vicarías, economatos… ADM, La Sapiencia, Llibre de opositions y elections, ff. 18, 39, 45v.
colegiatura.
La primera era el óbito de los Colegiales, un hecho que no se produjo en mayor proporción que entre los jóvenes de la misma época, pero que sí determinó que un pequeño grupo de colegiales –que incluso habían llegado a ser Rectores– no pudiesen acabar su colegiatura (Miquel Antich, Arnau Pasqual, Jaume Salom, Guillem Colet o Gabriel Barceló)55.
La segunda era la expulsión, precedida de diferentes penalidades como los castigos a pan y agua o la privación del voto. Los Libros de Capítulos y de Oposiciones no son muy pródigos en detalles, si bien en algunos casos se indica, como por ejemplo en el de Miquel Feliu, que fue castigado por haber cometido muchas faltas en el curso 1636-1637 y fue finalmente expulsado56. También fueron expulsados Pere-Joan Gili, Bartomeu Pons y Llorenç Serra57, considerados revoltosos y escandalosos, y que en algunas ocasiones habían pernoctado fuera del Colegio. En otros casos, no queda tan claro el motivo de la marcha sin haber agotado el tiempo de la colegiatura. A tenor de las constituciones, la expulsión pudo producirse por haber cometido reiteradas faltas o porque «in fornicationis vitio, aut graviori delicto carnis incidisse»58, aunque desconocemos las causas últimas que determinaron la expulsión de los colegiales.
Puede decirse que los colegiales vivieron –como promedio– desde los dieciocho a los veintiséis años en el Colegio de la Sapiencia, una experiencia que marcaria tanto su trayectoria eclesiástica como espiritual. Algunos, sobre todo los que habían ingresado como estudiantes de Teología, renunciaron antes de terminar su colegiatura por el hecho de haber obtenido ya un beneficio. Por el contrario, aquellos colegiales que entraron a los dieciocho (o antes, con la preceptiva dispensa), tenían que abandonar a menudo el Colegio sin haber obtenido el beneficio. Normalmente regresaban a su casa, esperando una vacante en alguna parroquia, o quedaban como profesores del Estudio General, como se verá seguidamente.
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51 Véase ADM, La Sapiencia, Llibre de determinacions del capitol. 1635-1735, passim.
52 ADM, La Sapiencia, Llibre de determinacions del capitol. 1635-1735, f. 18.
53 Por ejemplo, en 1677 hubo cuatro plazas vacantes y en 1678 hubo dos, y en 1680 tres más. ADM, La Sapiencia, Llibre de opositions y elections, ff. 68-71v.
54 ADM, La Sapiencia, Llibre de determinacions del capitol. 1635-1735, f. 2.
55 ADM, La Sapiencia, Llibre de opositions y elections, ff. 26v., 49v.
56 ADM, La Sapiencia, Llibre de opositions y elections, f. 5v.
57 ADM, La Sapiencia, Llibre de opositions y elections, ff. 13, 29v. y 88.
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4. Los estudios

La principal misión del Colegio era la formación de los sacerdotes, de modo que los estudios representaban la piedra angular de su estancia. El Colegio de la Sapiencia, a medida que transcurría el siglo XVII, fue testigo de los grandes cambios educativos en Mallorca. Frente a la diversidad de lugares donde se enseñaba gramática (Randa, Monti-Sion de Porreras, Santa Magdalena de Inca y numerosos conventos) sólo en algunos conventos y en el Estudio General Luliano se explicaban las Artes, la Filosofía y la Teología.
El Estudio General de Mallorca fue creado en 1483 por Fernando el Católico tanto para satisfacer el interés intelectual de la isla (puesto que muchos estudiantes que salían de ella para graduarse naufragaban o eran apresados por las naves de los piratas o de los moros), como para la explicación de las obras de Ramon Llull59. De hecho, dos damas acaudaladas establecieron en sus respectivos testamentos la institución de sendas cátedras para la explicación de las obras del Doctor Iluminado. La
oposición de los dominicos fue patente desde el primer momento.
Durante el siglo XVI, entre otras causas gracias a la protección de Felipe II, el lulismo se abrió paso en diferentes territorios hispánicos, en conventos, escuelas y universidades60. En efecto, durante el siglo XVII, la fuerte impronta de la Contrarreforma se hizo especialmente viva en toda la Península, y también la explicación del  lulismo, sobre el que los dominicos plantearon serias dudas desde las obras del inquisidor Nicolau Eimeric61, quedó reducido al Estudio General de Mallorca y a la rama de los Franciscanos observantes62, que profesaban en la escuela conventual de San Francisco.

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58 Constitutiones in Lulliano Baleari…, p. 26.
59 RAMIS BARCELÓ, R.: «Sobre la denominación histórica de la Universidad de Mallorca: cuestiones institucionales e ideológicas en torno al lulismo», op. cit., pp. 237 y ss.
60 Véase RAMIS BARCELÓ, R.: «Un esbozo cartográfico del lulismo universitario y escolar en los Reinos Hispánicos», Cuadernos del Instituto Antonio de Nebrija de Estudios sobre la Universidad, 15/1 (2012), pp. 82-
61 Actualmente la obra de Nicolau Eimeric ha quedado en entredicho, ya que la rigurosa investigación sobre sus acusaciones ha demostrado que el inquisidor falsificó las obras de Ramon Llull. Sobre esta cuestión, véanse los trabajos recopilados en MUZZI, S. (ed.): Da Raimondo Lullo a Nicola Eimeric: Storia di una falsificazione testuale e dottrinale, Roma, Antonianum, 2010.

A principios del XVII, se creyó que los dominicos removerían sus obstáculos contra el Estudio General Luliano si podían participar en él. A tal efecto, el mercader Gabriel Riera fundó tres cátedras de tomismo, las vinculó a la Orden de Predicadores y las dotó económicamente63. El Convento de Santo Domingo desde 1626 tuvo una serie de cátedras anexas al Estudio General, con lo que se enfatizaba más la dimensión pública de su enseñanza64. Paralelamente, el Colegio de Montesión, erigido en 1561, recibió de Felipe IV un Privilegio para colacionar los grados de Filosofía y Teología en 1626. A partir de entonces empezaron los conflictos con los Jurados de la Ciudad y Reino de Mallorca, porque el Estudio General Luliano era la institución que poseía el privilegio real para colacionar grados desde 1483. Desde 1606, el Colegio de Montesión había dispuesto sus enseñanzas a la ratio studiorum65.
La situación docente, al fundarse el Colegio de la Sapiencia en 1633, era la siguiente: el convento de los franciscanos enseñaba filosofía y teología, sin poder colacionar grados; el convento de los dominicos enseñaba filosofía y teología, con cátedras anexas al Estudio General, aunque sin poder colacionar grados; el Colegio de Montesión enseñaba filosofía y teología, con potestad para colacionar grados, aunque impugnada por parte de los Jurados; finalmente, el Estudio General tenía estudios de filosofía y teología escolástica y luliana, aunque sin posibilidad
de conferir grados.
El Colegio de la Sapiencia representó, desde el primer momento, un amplio espaldarazo al Estudio General, puesto que obligó a los estudiantes a estudiar los cursos de filosofía luliana que se impartían en él. Las Constituciones daban vía libre para que pudiesen estudiar en cualquier centro, siguiendo cualquier opinión, si bien todos debían dominar el Arte de Llull. Sin duda, la Sapiencia fue un vivero de lulistas y proporcionó al Estudio General no solamente algunos alumnos para cada promoción, sino también los futuros maestros de las cátedras lulianas66.
Los orígenes de esta promoción luliana no fueron sencillos, puesto que en el Estudio General la afluencia era baja. Durante los primeros veinte años de existencia del Colegio, los colegiales entrantes eran estudiantes de retórica en alguno de los distintos centros. Poco a poco estos mismos colegiales, imbuidos del espíritu luliano, pasaron a ser profesores del Arte de Llull en la cátedra de Filosofía Luliana que había fundado el canónigo Antoni Serra y que era dependiente de la Cofradía de San Pedro y de San Bernardo67.    De esta forma se enlazaba la voluntad de  un  canónigo
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62 CARRERAS ARTAU, J. y T.: Historia de la filosofía española. Filosofía cristiana de los siglos XIII al XV, II, Madrid, Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, 1943, p. 271.
proluliano del XVI con la de otro del XVII. En efecto, la cátedra de filosofía luliana fue detentada ya desde el primer momento por un Colegial de la Sapiencia. El 11 de septiembre de 1635, Joan Jaume, Rector de la Sapiencia, fue nombrado para ocupar la cátedra68 que, con algunas excepciones, estuvo casi siempre ocupada por colegiales que habían recibido una formación luliana, se habían doctorado en alguna de las Universidades vecinas (frecuentemente Gandía o Solsona) y en los últimos años de su colegiatura o en los posteriores explicaban, durante un bienio o un trienio, las bases de la filosofia luliana69.
El éxito de los colegiales de la Sapiencia y su buen dominio del Arte de Llull coadyuvó a que algunos jóvenes se decantaran por el estudio de la Filosofía y la Teología Luliana, tal y como puede verse en el anexo. Muchos de los col·legiales que habían ganado su beca a partir de la segunda mitad de la centuria eran ya estudiantes de Filosofía o de Teología. No todos ellos estudiaban en la Universidad, e incluso algunos (como Sebastià Ferragut)70 lo hacían en el Convento de Santo Domingo, un lugar, a priori, opuesto al espíritu luliano de la Sapiencia. Ello no impidió que, por ejemplo, Ferragut fuese un conspicuo conocedor de la obra del Doctor Iluminado y catedrático de Filosofía Lulista71.
Cuando se puso en funcionamiento la Universidad Luliana, en 1692, con plena capacidad para colacionar los grados, quienes recibieron la beca en el Colegio de la Sapiencia fueron estudiantes de Filosofía o Teología Luliana en la Universidad72.
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63 BPM, Ms. 42, f. 186.
64 Véase RAMIS BARCELÓ, R.: «La enseñanza en el convento de Santo Domingo de Palma de Mallorca durante el siglo XVII», en ALABRÚS IGLESIAS, R. M. (ed.): La vida cotidiana de los dominicos en la España moderna. Entre el convento y las misiones, Sant Cugat, Arpegio, 2013, pp. 167-185.
65 OBRADOR, B.: 450 años de historia del Colegio de Montesión en Palma de Mallorca. Apuntes cronológicos y documentación histórica, Madrid, Gráficas ORMAG, 2011, vol. 1, p. 283.
66 ADM, Causa Pía Luliana, Manuscrit Qüestions Vàries. Papeles Sueltos. 1691-1751, f. 265.
67 BPM, Ms. 24, f. 164.
68 BPM, Ms. 24, f. 162v.
69 Véase AHUIB, Legajo 1, s. f.
70 ADM, La Sapiencia, Llibre de opositions y elections, ff. 40v. y 44.
71 BPM, Ms. 24, f. 163.
72 En 1701 se ha documentado un estudiante, Pere Martí Oliver, que estudiaba lógica suarista. Véase Llibre de oppositions y elections, any 1696, f. 9.
La mayoría de ellos eran alumnos, por supuesto, de la cátedra de Filosofía de la Cofradía de San Pedro y de San Bernardo, por lo que sus compañeros col·legiales o excolegiales eran, a menudo, sus profesores73.
La trayectoria de algunos de estos colegiales fue muy similar. Por ejemplo,
Josep Gili Sastre, natural de Palma, ingresó en la Sapiencia en 1668 y estuvo hasta 1676, año en el que finalizó su colegiatura74. Se doctoró en la Universidad de Gandía en 1673 y, siendo diácono, fue nombrado catedrático de Filosofía Luliana en 1674 y elegido de nuevo en 168175. Consta que los estudiantes le tenían en gran aprecio y no querían que abandonase la cátedra76. Al final moderó algunas conclusions lulianas77 de sus discípulos, por ejemplo, las de Joan Bestard, colegial78.
Más tarde ganó por oposición el curato de Calvià79.
 De esta manera, puede decirse que el Colegio de la Sapiencia fue un semillero de sacerdotes lulistas que no solamente se dedicaron a la explicación y defensa de la obra luliana, sino que a través de su actividad pastoral defendieron y divulgaron el culto a Ramon Llull en las diferentes parroquias, lo que contribuyó a solidificar la piedad popular hacia el Doctor Iluminado.


CORREDOR   (Primera  planta)



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73 Sobre los estudiantes de Artes y Filosofía en esos años, véase CASSANYES ROIG, A. y RAMIS BARCELÓ, R.: «Los grados en Artes y Filosofía en la Universidad Luliana y Literaria de Mallorca», Analecta Sacra Tarraconensia, 86 (2013) (en prensa).
74 Llibre de opositions y elections, f. 66.
75 BPM, Ms. 24, f. 163r.-v.
76 BPM, Ms. 24, f. 166.
77 ADM, Causa Pía Luliana, Ms. 42, ff. 156-175.
78 ADM, La Sapiencia, Llibre de opositions y elections, f. 68.
79 Véase GELABERT, M.: El Dr. D. Bartolomé Lull y el colegio de Nuestra Señora de la Sapiencia, op. cit., pp. 71-72.



5. Las Visitas

Toda institución de esta índole tiene en los Libros de Visitas una información valiosa para conocer de primera mano el desarrollo de la vida colegial80, con sus fricciones y sus problemas cotidianos. Se han espigado aquí algunas de las visites más enjundiosas, para recabar algunos datos que ayudan mucho a comprender el estado intelectual, moral y religioso del Colegio. La visita anual tenía que hacerla, siguiendo las Constituciones, un canónigo, y debía durar doce días desde la Festividad de San Lucas, es decir, coincidiendo con el comienzo del curso.
Por ejemplo, la visita de 1638, realizada por el canónigo Nicolau Canet, pasó revista a la Capilla y determinó que faltaban enseres y que debían comprarse albas, amitos y otros ropajes litúrgicos. Se indicaba también que hacían falta servilletas y toallas81. El visitador mostró su preocupación porque en el sexto aposento había una ventana que daba al huerto por la que era muy fácil entrar, así como también dio indicaciones sobre algunas ventanas que daban a la vecina Calle dels Botons.
En esa misma visita pasó revista a las cuestiones económicas y se preocupó de las precedencias en el protocolo de los colegiales82. Dio instrucciones para mejorar el estudio del latín de los Colegiales a partir del estudio de Cicerón. Se enfatizó la necesidad del rezo del rosario, de confesarse cada primer domingo de cada mes y de comulgar como mínimo una vez cada mes. También se ratificó que los sacerdotes celebrantes debían cobrar tres sueldos por la misa diaria. De todo ello dio fe el notario Jaume Pujol83.
Se enfatizó en la visita de 1639 que, siguiendo las Constituciones, una tarde de cada mes se tenían que defender conclusiones en el Colegio84. En la visita de 1642 se prohibió que los colegiales estuviesen en los aposentos de otros y que contasen las normas de la institución a personas extrañas85. En la de 1643 se prohibió la tenencia y el consumo de aguardiente86.
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80 Véase, en un sentido comparativo, BARTOLOMÉ MARTÍNEZ, B.: «Visitas y reformas en el Colegio- Universidad de Santa Catalina en el Burgo de Osma, 1550-1840», Historia de la Educación. Revista Interuniversitaria, 3 (1984), pp. 27-50.
81 ADM, La Sapiencia, Libro de visitas 1637 hasta 1715, f. 3v.
82 ADM, La Sapiencia, Libro de visitas 1637 hasta 1715, f. 6v.
83 ADM, La Sapiencia, Libro de visitas 1637 hasta 1715, f. 10.
84 ADM, La Sapiencia, Libro de visitas 1637 hasta 1715, f. 12.
85 ADM, La Sapiencia, Libro de visitas 1637 hasta 1715, f. 23v.
86 ADM, La Sapiencia, Libro de visitas 1637 hasta 1715, f. 27.
Particularmente interesante para clarificar algunas carencias de la institución –así como recalcar las orientaciones educativas del colegio– fue la visita de 1656, realizada por el canónigo Simó Clar. En ella se indicó que había necesidad de comprar casullas y otros ornamentos. Se puso especial énfasis en que los col·legiales debían reforzar los estudios en vistas a obtener el doctorado y que todos estaban obligados a asistir a la lectura del Arte de Ramon Llull87. Se recalcó en la visita de 1661 que tras las oposiciones se tenían que recabar informes acerca de los mejores88, idea que se repitió en la mayoría de visitas, singularmente en la de 167089.
La visita iniciada el 19 de octubre de 1666 dejó muchas indicaciones precises sobre el hecho de que el Rector no debía ser demasiado liberal, que en verano se tenía que comprar trigo candeal, que el procurador no podía vender pólizas, que debía respetarse la antigüedad en el orden de precedencia, que los estudiantes en la hora del estudio debían hacerlo con la puerta abierta, que los colegiales no podían revelar lo que pasaba en las elecciones, que debían ser modestos y corteses y que al empezar el curso se les tenía que dar plumas, papel y tinta90.
En la misma visita, amén de marcar claramente el calendario y las horas de las conferencias, se clarificaron las cuentas del dinero que debía percibir cada sacerdote por la celebración de la misa y que mandó que desde Pascua hasta San Miguel los colegiales tenían la obligación de estudiar por la mañana de las cinco y media a las siete y por la tarde de cinco a seis91. Se detallaron asimismo una serie de prohibiciones y castigos: los colegiales no podían hablar con mujeres en el portal del Colegio, ni con el pretexto de parentesco, sin licencia del Rector; quien lo hiciera, debía ser privado a pan y agua, luego de vestuario y, si no se enmendaba, debía ser expulsado; no se podían tener armas de fuego en el Colegio; los que entrasen en casas de mujeres debían ser castigados y expulsados; y se también mandaba que ningún colegial, pasadas las dos, pudiese entrar en la habitación de los demàs colegiales92.
Finalmente se ordenaba que ocho días antes de la elección tenía que ir el visitador a ver si los colegiales cumplían las Constituciones; si no lo hacían, estaban privados del voto. Se recalcaron las disposiciones para el estudio y las tareas del Procurador para que todo estuviese en perfecto estado. Los sábados tenía que haber resumen de las lecciones y se mandó
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87 ADM, La Sapiencia, Libro de visitas 1637 hasta 1715, ff. 49v.-51.
88 ADM, La Sapiencia, Llibre de opositions y elections, f. 52v.
89 ADM, La Sapiencia, Llibre de opositions y elections, f. 85v.
90 ADM, La Sapiencia, Libro de visitas 1637 hasta 1715, ff. 70v.-71.
91 ADM, La Sapiencia, Libro de visitas 1637 hasta 1715, f. 71.
92 ADM, La Sapiencia, Libro de visitas 1637 hasta 1715, f. 71v.
que, en los días de clase, los colegiales no se pudiesen ausentar sin la presencia del Rector. Se ordenó también que nadie se fuese a graduar o a doctorar sin haber cursado cuatro años de teología93.
En la visita que realizó en 1670 el canónigo Antoni Ripoll, en la que no pudo repasar las cuentas, se enfatizaron prácticamente los mismos puntos: la necesidad de frecuentar los sacramentos y la prohibición de dar la cena a los que se ausentasen de los oficios religiosos, así como la obligación de hacer conferencias diarias y conclusiones mensuales. Se recalcaba también que el examen de los opositores tenía que ser secreto y que la puerta no se podía abrir por la noche, ni para que saliese el cocinero, que era casado94.
Se prohibió asimismo que ningún colegial durmiese con otro, ni con un familiar (fámulo), ni con el cocinero. La primera vez debía ser privado de voz, acción y cargo; la segunda, de voto activo y pasivo; y la tercera vez debía ser expulsado.
Lo mismo sucedía si, tocada la hora del silencio, un colegial entraba en la habitación de otro. Los que quisieran estudiar por la noche tenían que tener la llave en la cerradura. Se prohibía de nuevo tener armas y los juegos en los que se apostase dinero95.
En cuanto a las comidas, en el desayuno se mandaba dar a cada colegial medio pan, algunas olivas, un poco de queso y un poco de vino en el refectorio. Si no llegaban al almuerzo a la hora convenida, debían ser castigados a pan y agua. Estaba prohibido que nadie fuese invitado a comer al Colegio, salvo los antiguos col·legiales que eran ya rectores o vicarios de alguna parroquia, y los maestros y doctores que enseñaban en aquel momento a los miembros de la institución. El día en que vestían la beca los nuevos colegiales, solamente podían quedarse a comer sus padres, hermanos y tíos96.
En ocasiones los visitadores se limitaron en sus atribuciones: en una visita extraordinaria realizada en 1671 por el mismo Antoni Ripoll fueron expulsados cuatro colegiales, por negarse a cumplir un punto de las Constituciones. Los cuatro colegiales acudieron al Metropolitano de Valencia, quien mandó que sus becas les fueran repuestas. Gelabert indica a continuación otro caso semejante en 1700, aunque éstos no pasaron de ser muy puntuales97.

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93 ADM, La Sapiencia, Libro de visitas 1637 hasta 1715, ff. 71v.-72.
94 ADM, La Sapiencia, Libro de visitas 1637 hasta 1715, ff. 76-77.
95 ADM, La Sapiencia, Libro de visitas 1637 hasta 1715, ff. 77v.-78.
96 ADM, La Sapiencia, Libro de visitas 1637 hasta 1715, ff. 78-79.
97 Véase GELABERT, M.: El Dr. D. Bartolomé Lull y el colegio de Nuestra Señora de la Sapiencia, op. cit., pp. 31-32.

De hecho, los puntos en las visitas ordinarias, como puede verse, no cambiaban de lustro en lustro. En la visita de 1697 se recalcó en la importancia de celebrar la misa según la disposición del fundador, así como la necesidad de cerrar la puerta del Colegio a la hora conveniente y de aplicarse en el estudio. Se mandó elaborar unas rejas de madera en la ventana del corredor para que los col·legiales no mirasen indecentemente por ella98.
Indicose asimismo que la aplicación en el estudio tenía que manifestarse en las conferencias, que debía presidir un graduado en teología. El visitador notó que faltaban muchos libros de la biblioteca, aunque algunos de ellos estaban en los aposentos de los colegiales. A éstos, por último, les pidió un especial celo en la doctrina de Ramon Llull contra las calumnias de Eimeric, de modo que cada primero o segundo de mes el Rector o el presidente de la sesión debía leer una conclusión de Eimeric y, mostrando los errores que contenía, debía defender las doctrinas lulianas99.

Conclusiones

En las páginas anteriores se ha podido estudiar sintéticamente la evolución del Colegio de la Sapiencia (desde su fundación en 1635 hasta 1700) esencialmente en dos puntos: por un lado, un examen de las Constituciones y su cumplimiento, y por otro, una visión de conjunto de los colegiales y la vida colegial.
 Cabe plantearse, en primer lugar, la naturaleza jurídica del Colegio de la Sapiencia. La profesora Ana María Carabias explicó que la diferencia entre colegios mayores y menores no era una categoría propiamente universitaria, sino un titulo adoptado por los propios colegios sin justificación objetiva100. La historiografía ha venido considerando que el Colegio de la Sapiencia era un Colegio Mayor. Tal vez sería más exacto decir que en la época del Estudio General era más bien un Colegio Menor, puesto que sus estudiantes no podían recibir los grados en la Universidad, aunque la mayoría de ellos se desplazaba a alguna Universidad para convalidar sus estudios sin ningún problema.
Sin embargo, a partir de 1692, cuando todos los colegiales fueron ya estudiantes de la Universidad y pudieron recibir los grados mayores, no habría óbice para considerarlo un Colegio Mayor. Las rentas no podían compararse a muchos de los Colegios Mayores castellanos, pero al ser el
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98 ADM, La Sapiencia, Libro de visitas 1637 hasta 1715, f. 106.
99 ADM, La Sapiencia, Libro de visitas 1637 hasta 1715, f. 108v.
para convalidar sus estudios sin ningún problema.
Colegio del Reino y por la importancia en él, tal vez quepa admitir que se trata de un Colegio Mayor. Como tal funcionó más claramente en el siglo XVIII y hasta la supresión de la Universidad, aunque después se transformó en un colegio anejo al Seminario de San Pedro.
En este sentido, cabe indicar que el período comprendido entre 1635 y 1700 forma una unidad temática y que, después de la fundación del Seminario conciliar en1700, las circunstancias fueron ya diferentes.
En segundo lugar, cabe subrayar la importancia de la Sapiencia como institución que permitió que el Estudio General, pese a la carencia de privilegios para conceder los grados, se pudiese nutrir de alumnos y de profesores especialistas en el pensamiento de Ramon Llull. En 1633, la situación educativa era, como se ha visto, muy dispersa, y las cátedras de los dominicos y el Colegio de Montesión amenazaban seriamente la primacía de las cátedras lulianas del Estudio General. La Sapiencia favoreció la formación de los Colegiales y la creación de una pléyade de especialistas en el Arte del Doctor Iluminado.
En tercer lugar, el Colegio de la Sapiencia fue la avanzadilla de la formación intelectual y espiritual de la Diócesis. Cuando en 1692 empezaron las lecciones en la Universidad y en 1700 se erigió el Seminario de San Pedro, la Sapiencia pasó a tener un estatus diferente, aunque siguió contribuyendo enormemente a la formación de los sacerdotes. Cabe recalcar, con todo, que sin el impulso de la Sapiencia, la educación y la preparación de los presbíteros mallorquines del XVII hubiera sido mucho más endeble.
En cuanto a los rasgos subrayados en las Visitas, pocas novedades hay en ellos. Las virtudes, fortunas, desventuras y vicios son, grosso modo, los mismos de cualquier institución análoga en la época. Su especificidad (el lulismo, la defensa de la piedad y las costumbres mallorquinas) hace que la institución resulte de interès para el estudio comparado de los colegios en España.
Frente a la decadencia de los colegios en el siglo XVIII, la Sapiencia conoció una época de cierto esplendor durante el Siglo de las Luces. Fue un bastión de lulismo y de mallorquinidad, opuesto a las reformas de Carlos III y del obispo Juan Díaz de la Guerra. Con todo, frente al XVII, las circunstancias habían cambiado mucho y su proyección merece ser estudiada ya en el marco de otro escrito.


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100 CARABIAS TORRES, A.: Colegios mayores: centros de poder, Salamanca, Universidad de Salamanca, 1986, vol. II, pp. 368-372.




ANEXO

I. COLEGIALES (1633-1700)
Ingreso       Nombre      Procedencia         Observaciones
1635                   Joan Jaume          Llucmajor            Convocó las primeras
oposiciones. Catedrático
de Filosofía Luliana en 1635
y en 1650, BPM,  24, 163.
Renunció en 1642 
por un beneficio en
la Parroquia de Selva,

1635                   Gabriel Cerdà Campos           Segundo Rector. Renunció en                                                                           1644
1635                   Rafael Fullana Manacor                   Fue desposeído de la beca en                                                                             1636
1635                   Cristòfol Obrador Felanitx     Se marchó a su casa en 1642,
1635                   Jaume Gornals     Pollença      Su beca vacó en 1640,
1635                   Miquel Feliu        Artà            Castigado por haber cometido                                                                          muchas  faltas  (1636-1637)
1635                   Pere Real             Sineu                   Había estudiado en Randa, f. 3.
1635                   Bartomeu Cantallops Artà     Estudiante de Artes,
1636                   Bartomeu Febrer Orpí Manacor Estudiante de Artes en el                                                                     Estudio General, Vicario de                                                                    Manacor y  renunció 1642
1637                   Guillem Muntaner Roig Bunyola Estudiante de Retórica en                                                                             Montesión,
.
1637                   Antoni Vanrell Abram Ciutat Estudiante de Retórica en el
1639          Bartomeu Garcies        Rabassa     Sineu
1639                   Pere Mestre Abrines Inca       Renunció en 1645 para pasar a                                                               la  Escolanía  de  Lluc,
1641                   Antoni Sala Vicens Felanitx   Renunció en 1647,
1641                   Joan Ginard Feliu           Campos    Renunció en 1644 por tener                                                                    la Rectoría de  Muro
1641                   Miquel Pascual Rotger Alaró  Catedrático de Filosofía Luliana
1642                   Pere-Joan Gili Gacies Sineu    Estudiante de curso, elections,                                                                           Fue expulsado en 1643,
1642                   Gabriel Simó Amer     Muro   Estudiante de curso,
1642                   Antoni Homar Calafat Valldemossa Estudiante de retórica,
1642                   Sebastià Riera Binimelis Manacor Estudiante de retórica,
1643                   Miquel Floriana Vives Artà      Renunció en 1647,
1644                   Miquel Antich Ribas Montuïri              Estudiante de retórica
1644                   Benet Vidal Cañellas Santa Maria Estudiante de curso en
1644                   Martí Ballester Jornes Petra       Estudiante de Teología en S.

1648          Bartomeu Burguera Bonet Santanyí Renunció a su beca
1648                   Bartomeu Pons    Artà                 Expulsado en 1654,
1648                   Jaume Salom       Binissalem      fallecido en 1654,
1648          Mateu Calafat     SantaMargalida Entró en el lugar de Antoni                                                               Homar,decisión del  Obispo,
1650                   Cristòfol Bennàssar Ferrà Valldemossa Renunció 1657,
1650                   Antoni Seguí Gelabert Sineu            Renunció 
1650                   Antoni Calafat Gallard Ciutat                   Vacó su plaza en 1653,
1653                   Antoni Morey Amigó S’Horta         Había renunciado en 1659,
1653                   Antoni Llull Riera         Manacor    Renunció a su beca en 1654,
1654                   Miquel Garau Catany Llucmajor Estudiante en el Estudio                                                                                                 General
1654                   Pere Cladera Serra        Sa Pobla     Estudiante de lógica
1656          Llorenç Antich Ribas   Montuïri Estudiante de Retórica,
1656          Jaume Coll Gallard      Esporles     Renunció a1657,
1656                   Antoni Riera Sitjes        Manacor     Estudiante de Lógica
1657                   Francesc Pou Llaneres Algaida , cuatro votos discrepantes,
1657                   Joan Servera Massanet           Artà            Estudiante de Lógica
1658          Guillem Colet Marcó    Palma        Estudiante de Teología,
1658                   Pere-Antoni MayolMayolSóller       Estudiante de Teología,
1659                   Miquel Amer Gelabert Campos      Estudiante de Teología a
1659                   Miquel Serra Homar     Santanyí     Fue escogido por los                                                                                Jurados como  Maestro
                                                                           en Cura
1659                   Miquel Veny Alou        Felanitx      Estudiante de curso
1660                   Joan Albertí Vidal         Selva                    Renunció en 1666
1660                   Antoni Jofre Alemany   Andratx      Estudiante de curso
1662                   Antoni Alemany Estelrich  SantaMargalida Estudiante en la                                                                                     Universidad.                                
1662          Joan Binimelis Sitjar    Manacor     Estudiante de Lógica
1663          Jaume Terrassa Llabrés Artà                   Estudiante de Lógica
1665                   Sebastià Ferragut Llodrà Ciutat       Estudiante de curso
1667                   Pere Mestre Solivellas   Petra                    Estudiante de curso
1667                   Miquel-Baptista AmorósGalíPalma          Estudiante de curso
1667                   Bernat Nadal Veny       Esporles     Estudiante de curso
1667                   Arnau Pasqual Ferrer    Binissalem Estudiante de curso 1668               Josep Gili Sastre           Palma         Renunció en 1676,
1668                   Pere-Ignasi Burguera Prohens Santanyí Estudiante de curso
1669                   Macià Muntaner Sampol             Alaró     Estudiante de curso
1669                   Sebastià Pieras Simó          Inca       Estudiante de Lógica
1670                   Antoni Vives Sureda         Artà        . Estudiante de curso,
1670          Martí Alemany Ferragut     Ciutat  . Estudiante de curso,
1671                   Francesc Frígola Garau Llucmajor .    Estudiante de Filosofía
1673                   Arnau Barceló Barceló Ciutat                  . Renunció en 1679,
1674                   Joaquín Mayol              Sóller          Estudiante de Teología.
1674          Salvador Vallori                    Selva                    Renunció,
1677                   Joan Escanellas Sansó Palma                  . Estudiante de Teología
1677                   Joan Bestard Moyà       Binissalem. Estudiante de Lógica
1677          Joan Bonafé Amer       Inca           Estudiante de Teología
1677          Sebastià Frígola Garau          Llucmajor   Estudiante de Teología
1678                   Gabriel Barceló Mora   Porreres      Estudiante de curso en el
1678          Pere-Ignasi ObradorProhensFelanitx       Estudiante de curso
1680                   Llorenç Sureda Verdera          Algaida       Estudiante de Teología
1680                   Diego Estarellas Riera   Ciutat         Estudiante en el Colegio,
1680                   Miquel Ferrer Brunet    Artà            Estudiante de Filosofía,
1682                   Antoni Riera Valls        Palma         Estudiante de Teología
1682                   Miquel Simonet Bosch Ciutat         Estudiante de curso
1682                   Rafael Torrens Pastor   SantaMargalidaEstudiante de curso
1685                   Mateu Noguera Salvà   Llucmajor   Estudiante de Teología
1685                   Guillem Vicens Corró   Petra           Estudiante de curso en
1686                   Llorenç Serra Cantallops Sa Pobla Estudiante de curso
1686                   Antoni Vives Massanet Artà                    Estudiante de Teología
1688          Joan Cirer Amengual    Sencelles     Estudiante de Teología
1688                   Pere-Joan Garau Rosselló Ciutat     Estudiante de Teología
1688                   Antoni Juan Jofre                   Andratx      Estudiante de Filosofía,
1692                   Joan-Antoni MesquidaArmengol CiutatEstudiante de Filosofía
1693          Joan-Agustí Cladera    Ciutat         Estudiante de Teología.
1693                   Francesc Togores Alomar Sineu      Estudiante de Teología
1694                   Joan Vives Massanet    Artà            Estudiante de Teología
1694          Joan Noceras Petro      Muro                   Estudiante de Teología
1695                   Antoni Obrador Vidal   Felanitx      Estudiante de Teología
1696                   Bartomeu Fonollar MalondaSantaMargalida Estudiante de                                                                             Filosoía  Lulista,
1696                   Felip Garau Bennassar Campanet    Estudiante de Filosofía
1697                   Antoni Cirer Ramis       Sencellas    Estudiante de Filosofía
1697          Miquel Rullan Rullan   Petra                    Estudiante de Filosofía
1700          Joan Jacint Blanquer Fornés Manacor Estudiante de Filosofía
1635-1638 Joan Jaume
1671-1673 Miquel Baptista Amorós
1638-1641 Gabriel Cerdà 1673-1674 Pere-Ignasi Burguera
1641-1643 Joan Jaume 1674-1675 Josep Gili
1643-1644 Gabriel Cerdà 1675-1676 Francesc Frígola
1644-1645 Pere Mestre 1676-1677 Macià Muntaner
1645-1647 Antoni Salas 1677-1678 Arnau Barceló
1647-1648 Miquel Pascual 1678-1679 Antoni Vives
1648-1650 Pere-Joan Gili 1679-1682 Joaquim Mayol
1650-1652 Miquel Antich 1682-1683 Joan Bonafè
1652-1653 Bartomeu Burguera 1683-1684 Joan Escanellas
1653-1654 Martí Ballester 1684-1686 Pere-Ignasi Obrador
1654-1655 Mateu Calafat 1686-1687 Llorenç Sureda
1655-1656 Bartomeu Burguera 1687-1688 Diego Estarellas
1656-1657 Antoni Seguí 1688-1689 Antoni Riera
1657-1658 Antoni Morey 1689-1690 Rafael Torrens
1658-1661 Miquel Garau 1690-1691 Mateu Noguera
1662-1664 Guillem Colet 1691-1692 Guillem Vicens
1664-1665 Francesc Pou 1692-1693 Joan Cirer
1665-1666 Miquel Serra Antoni Mayol
1693-1694 Antoni Vives 1666-1667 Miquel Amer
1694-1695 Antoni Juan 1667-1668 Antoni Jofre
1695-1696 Joan Cirer 1668-1669 Joan Binimelis
1696-1697 Joan-Agustí Cladera
1669-1670 Miquel Baptista Amorós 1697-1698 Joan-Antoni Mesquida
1670-1671 Sebastià Ferragut 1698-1700 Francesc Togores

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El colegio luliano de la Sapiència (1629-1970)
12.01.2014 


En la plaza de Sant Jeroni estaba el antiguo colegio de Nostra Senyora de la Sapiència. G. Soler 







Bartomeu Bestard
En uno de los laterales que flanquean la bella plaza de Sant Jeroni, se levanta un edificio de importante interés patrimonial e histórico: el colegio de Nostra Senyora de la Sapiència, que durante siglos fue uno de los baluartes más importantes del lulismo. Hablar de los orígenes de esta institución, es hablar de su fundador: Bartomeu Llull (Palma, 1565-1634).
Este personaje –parece ser que descendiente, si no del propio Ramon Llull, sí de su familia– estudió Teología en la Universidad Luliana de Mallorca, teniendo como preceptores a unos frailes franciscanos. Se doctoró y se ordenó sacerdote, convirtiéndose en un destacado lulista. Debió ser un joven con dotes para los estudios y las relaciones sociales pues, al poco tiempo, fue propuesto por el cabildo de la Catedral para ser su representante ante la Santa Sede "en todos los asuntos y negocios, pleitos y causas". Además, fue nombrado por los jurados del Reino su procurador en Roma. Esta circunstancia también fue aprovechada por la Universidad Luliana que le encargó la ardua tarea de seguir impulsando el proceso de canonización de Ramon Llull desde la Ciudad Eterna. Mosén Bartomeu Llull llegó a Roma en 1595 y residió allí durante doce años. En 1608, fue nombrado canónigo penitenciario –por lo visto un cargo que acarreaba grave responsabilidad– de la catedral de Mallorca, por lo que se trasladó a Palma ese mismo año. La noticia de su regresó produjo gran alegría en la isla, "especialmente entre los partidarios y defensores del bienaventurado Ramón Llull".
No hay tiempo en detallar todos los proyectos que impulsó mosén Bartomeu: la construcción de la capilla y retablo de Ramon Llull en Sant Francesc de Palma (capilla del Beato Ramon Nou); construcción del nuevo templo de Lluc; cofundador del convento de Sant Bartomeu de Inca, ses Minyones de Palma... Ahora nos detendremos en aquel que puede considerarse su proyecto más importante y al que dedicó sus mayores esfuerzos: el colegio luliano de Nostra Senyora de la Sapiència.
Ya en la segunda mitad del siglo XVI rondaba la idea de crear un colegio para estudiantes pobres que quisiesen ordenarse sacerdotes. En 1589 los jurados del reino de Mallorca habían dirigido al papa Sixto V una súplica: "Cosa convenient i necessària se instituís una confraria en la capella de l´Àngel Custodi de la Seu, per ajuda i costa de un col·legi en el qual se sustenten alguns estudiants que han de ser eclesiàstics, a imitació de los col·legis que en Rome edificà lo papa Gregori XIV". Es probable que este proyecto no llegara a buen puerto, pues nada más se supo tras la súplica. Ahora bien, la creación de este colegio seguía siendo necesaria. Mosén Bartomeu Llull, consciente de ello –él mismo provenía de una familia humilde y conocía la problemática de los estudiantes sin recursos– decidió llevar a cabo la fundación del colegio, institución que, según criterio del propio fundador, debería tener un marcado carácter luliano y sus alumnos deberían iniciarse en el estudio de l´Art General.
En primer lugar, ofreció como solar del nuevo colegio su propia casa –en la plaza de Sant Jeroni–, a la que agregó otras de contiguas adquiridas con el objeto de construir el colegio. Inició las obras para adaptar el edificio a su nueva función, y mientras tanto, solicitó a Urbano VIII el permiso para la creación del colegio. La bula fue concedida en Roma el 6 de octubre de 1629 y en ella el papa otorgaba "cada uno de los privilegios, libertades, inmunidades, exenciones, prerrogativas, concesiones, indultos y gracias, así espirituales como temporales de que disfrutaban los colegios mayores semejantes a éste, que a la sazón estaban ya fundados en España". El obispo de Mallorca autorizó la fundación del colegio en 1633. Mosén Llull, preocupado por la pervivencia del colegio en el tiempo, lo dotó de las rentas necesarias para proseguir las obras y su normal funcionamiento. Y, repentinamente, mientras se ocupaba de estos asuntos, le sobrevino la muerte, por lo que el perseverante lulista se quedó a las puertas de poder ver su sueño cumplido.
Finalmente, el 1 de octubre de 1635 entraron los seis primeros estudiantes: Gabriel Cerdà, de Campos; Rafel Fullana, de Manacor; Cristòfol Obrador, de Felanitx; Jaume Gornals, de Pollença, y Miquel Feliu, de Artà. Fue nombrado rector del nuevo colegio, mosén Joan Jaume. Estos estudiantes se diferenciaban por llevar una beca roja, a diferencia de la azul que llevaban los estudiantes del seminario de Mallorca.
La Sapiència empezó a funcionar, y le debieron ir bien las cosas pues durante los años posteriores se fue ampliando el colegio, adquiriendo las casas colindantes. Quince años después de su fundación, Vicente Mut, en su Crónica del Reino dejó escrito: "Salen insignes filósofos y teólogos del colegio que fundó el canónigo Bartomeu Llull, junto a las jerónimas". El bello portal de acceso –con la efigie del fundador– y el claustro fueron construidos a principios del siglo XVIII. En aquellos momentos la biblioteca llegó a tener más de trescientos volúmenes de filosofía y teología. También había gran número de obras lulianas, algunos códices y manuscritos de gran valor y mérito.
Las dificultades llegaron a partir de la segunda mitad del siglo XVIII. Todo empezó con la política antilulista del obispo Juan Díaz de la Guerra. La Sapiència, estandarte del lulismo, pronto se vio atacado por el episcopado, hasta el punto que estuvo muy cerca de la desaparición. Pero sobrevivió. Durante todo el siglo XIX tuvo que seguir sufriendo ataques continuados por parte de diferentes instituciones (el ejército, la Sociedad Mallorquina de Amigos del País, la hacienda pública...) pero siempre logró salir airosa, gracias muchas veces a la intercesión de su protector natural: el Ayuntamiento de Palma.
No es gratuito que en 1880, la Societat Arqueológica Lul·liana se fundase y tuviese como sede la Sapiència, uno de los centros lulianos más destacados de Mallorca. La institución se tuvo que cerrar en 1970 por falta de alumnos. Fue entonces cuando el edificio se transformó en un centro de acogida de pobres y marginados, hasta que en 1985 se trasladó allí el Seminario Mayor.



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